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sábado, 19 de mayo de 2012

Laponia les parece cerca. Ahora nos quieren mandar a Australia



¿Qué harías si tuvieras una niña de 5 años, le pidieras a tu empresa  reducir la jornada y poder elegir horario para  cuidar de ella pero se negaran a atender tu solicitud? 

Tienes dos opciones: o aguantarte o denunciar. En ese dilema se encuentran muchas trabajadoras que deciden denunciar amparándose en la ley de igualdad por ahora vigente. Eso es lo que le ha pasado a una trabajadora de Almería de uno de los sectores donde la conciliación de la vida familiar y laboral resulta más complicado, el sector del comercio.

Pero ¿qué harías si, encima una vez que denuncias, la jueza entre otros argumentos transcribe éste en la sentencia: “la actora no ha acreditado que sea viuda o que no haya un padre que se pueda hacer cargo de la niña, asimismo pueden existir familiares o jóvenes adolescentes que por un bajo coste se presten a realizar funciones de canguro”?

Si lo primero es para indignarse, esto segundo es para “cortarse las venas o directamente dejárselas largas”.

En UGT Andalucía no nos lo podíamos creer nadie, desde el abogado que defendió el caso, pasando por Juan, el compañero responsable del sector de comercio que nos remitió la sentencia, hasta la Secretaría de la Mujer al completo.
Una vez que la vía jurídica se agota (la sentencia es firme y no cabe recurso) queda la denuncia pública. Así que hemos difundido esta sentencia, de la que se han hecho eco muchos medios de comunicación. También el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, Eduardo Rojo la ha comentado, con un análisis muy interesante en su blog.

No es para menos. Cuando una cree que está siendo víctima de una injusticia, pues pone el asunto en manos precisamente de “eso”: la justicia. Siempre se va con el riesgo de ganar o perder, pero ¿esto no es demasiado?

¿Qué se quiere decir cuando se habla de que jóvenes adolescentes por un bajo coste se presten a realizar funciones de canguro?

Primero, creyendo en un estado social y de derechos para todas las personas que conforman la ciudadanía, independientemente del poder adquisitivo, mi apuesta es que haya servicios públicos que cubran necesidades como ésta.

Segundo, pongamos que se apuesta por el sector privado (para quienes puedan permitírselo) ¿Lo de “cangurear” no debería ser un trabajo digno, por ejemplo llamado "servicio doméstico"? Por cierto, que este es un derecho que los sindicatos hemos conseguido a base de mucha pelea.

Tercero, la adolescencia creo, igual me equivoco, como mucho llega hasta los 17 años. A partir de los 18 se es "mayor de edad"… ¿no está prohibido el trabajo de menores salvo excepciones y con permiso de sus tutores a partir de los 16?

En cualquier caso, incluso hasta los 19, que en algunos consideran aún adolescencia… lo del bajo precio me cuesta creerlo. Supongo que está referido a un contrato de trabajo regular con seguros sociales, cotizaciones, convenio colectivo... Porque lo contrario sería economía sumergida, ¿no? eso que pretendemos evitar y sacar a la luz en tiempos de crisis ¿verdad?


A los jóvenes ya los mandaron a Laponia
a buscar trabajo,
¿nos mandarán ahora a las mujeres a Australia
a buscar canguros?


APL


sábado, 24 de marzo de 2012

Marta irá a votar



Acaba de cumplir los 18, serán sus primeras elecciones con derecho a voto, las autonómicas andaluzas.

Cualquiera que sea el resultado serán unas elecciones históricas, como el momento que estamos viviendo. Sin embargo para ella, no es importante. No lo es hasta tal punto, que había decidido no votar, no hacer uso de ese derecho.

Significa que no se siente parte de ello. No siente que su granito de arena, sumado al de muchas otras personas en forma de papeleta, decide la manera de vida de una sociedad entera.

Significa que no percibe el valor de una conquista tan importante como la democracia.

Significa que no compara el hecho de que hubo una vez en que las personas estaban sometidas al arbitrio de un dictador erigido y de unas políticas impuestas, y que hoy decidimos, libre y colectivamente, quién gobierna para nosotras y nosotros, la ciudadanía.

Significa que no identifica el preciadísimo hecho de votar con un coste y unos esfuerzos dramáticos, como la guerra, las muertes, el exilio, la represión y todos esas tragedias que forman parte de sus libros de texto.

Significa que no ha sido consciente de que existe una diferencia entre su entorno familiar y social modesto, con el de otras chicas de otros barrios, de otras familias o incluso de alguna de esas series de TV.

En definitiva, significa que algo no hemos hecho del todo bien,
porque la historia se perdió en algún eslabón de la cadena.

En este día de reflexión, esta realidad merece una pensada, sería muy conveniente meditar sobre los motivos. Ya sea por instinto de protección, ya sea por levantar una barrera entre un pasado negro y un presente construido sobre unos derechos sociales muy valiosos, ya sea por no prolongar el dolor y la angustia de épocas de escasez. El caso es que, generación tras generación, algunas cuestiones se han ido descafeinando, desde mi punto de vista, de manera injustificada. Y por mucho que algunos se empeñen en oponerse, los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Y la mejor herramienta para evitarlo es una educación en valores, pública y universal.

Por esta y por muchas otras cosas, los adolescentes son una prioridad y merecen la máxima atención porque ellas y ellos, impregnados del presente, serán el futuro.

Marta, irá a votar mañana 25 de marzo de 2012. No la convenció ningún cartel electoral, no participó en ningún mitin, tampoco prestó atención a ninguno de los debates de TV.

Lo decidió tras una conversación por WhatsApp,
algo quizás, a tener en cuenta también.

APL