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viernes, 25 de enero de 2013

Algunas reflexiones mientras hago cola en el paro


Si no fuera porque en la fachada colgaba un cartel que decía INEM, casi hubiera pensado que era la entrada a unos grandes almacenes en las rebajas. La puerta de acceso estaba bloqueada por la cantidad de personas allí concentradas, dentro y fuera de la oficina. No solo llamaba la atención el "overbooking", también el buen aspecto de las personas.

Por cierto, el aparcamiento también imposible. Crucé una breve conversación con el “gorrilla” que parecía contento con mi trato y lo comparaba, por contraste, con “la gilipollas que se había ido antes”. El señor, escuálido y desdentado, me insistía “así está el país, porque nos ignoramos unos a otros, si no nos ignoráramos sería otra cosa”. Mientras, pensaba yo “así está el país, sintiendo y vomitando crispación a marchas forzadas”.

Por eso hoy no me han sorprendido los datos de la EPA (encuesta de población activa más conocida como “los datos del paro”) que mi compañero de ejecutiva, Roberto Marín, ha hecho públicos en la web de UGT Andalucía. Son más que destructivos o demoledores. Para mí han sido simplemente la confirmación de lo que ayer presencié en la oficina del INEM cuando yo misma fui a inscribirme.

Lamentable y efectivamente el PP, Partido Popular y partido gobernante, se ha cargado la clase media de este país. Los ricos son más ricos y los pobres, paupérrimos y numerosísimos.

No es la primera vez que soy clienta del INEM, tampoco será la última probablemente, lo que sí es cierto es que durante esta visita, rodeada de tanta tristeza social que impregna la calle, mis seis sentidos estaban especialmente sensibles y despiertos. Mientras observaba a mi alrededor, vi muchas caras, observé muchos aspectos y escuché muchas conversaciones.

Me llamó la atención especialmente cómo un señor se dirigía a la que casi seguro era su esposa quejándose porque no le habían dejado usar el WC. Al parecer, éste era sólo para uso de las personas que allí trabajan.  Este insignificante detalle me hizo caer en la cuenta de que, a diferencia de otras épocas, la asiduidad y la mayor duración de las visitas, estaban generando nuevas necesidades que, sin duda, tales instalaciones debieran tener previstas. 

Pero lo mejor vino después cuando el señor, que seguía inmerso en su retahíla, protestó: “pues no lo entiendo porque aquí hay dos instituciones públicas representadas, el Ayuntamiento y la Junta, ¡son públicas y esto lo pagamos todos!” Aunque fuera por una absurda anécdota, pensé que mira por dónde estos del gobierno no habían conseguido arrancar aún del todo nuestra identidad colectiva. El sentimiento de lo público sigue presente, como reivindicación de lo nuestro, como derecho básico… tan básico como ir al baño. Fue lo mejor del día, además de la  simpatía del funcionario que me atendió al llegar mi turno. Y el final del día ya fue de traca, no sé si casualidad o eficacia, el caso es que al abrir mi Twitter entre mis nuevos seguidores estaba Cursos INEM 2013 (@cursos_inem)...

Lo peor fueron otras reflexiones como estas,

¿Que tipo de empresarios (CEOE) tenemos en este país que, 
en lugar de crear empleo, expulsan trabajadores al paro 
delegando esta responsabilidad en el INEM? 

¿Cómo es posible que quien pague tantas nóminas en la actualidad sea precisamente el Instituto Nacional de Empleo 
que nada tiene que ver con una empresa? 

¿Cómo se concibe esto? 

¿Qué tipo de gobierno tenemos que es incapaz de dar solución 
a las personas que conforman su pueblo
a pesar de haber llegado al poder presentándose 
como "el partido de los trabajadores"?

De vuelta a una realidad menos cruel, retomo mi actividad sindical diaria, y continúo con mis compañeras y compañeros "a lo nuestro" aunque nos estén “cayendo chuzos de punta” por ser eso tan denostado, sindicalistas

Aún sin estar ninguno de ellos de alta en la seguridad social, hoy han celebrado reunión de Comité de Empresa en Isla Mágica para convocar asamblea de trabajadores la próxima semana. La citada asamblea la celebraremos mientras cobramos del INEM y mientras la mayoría de la plantilla que asista también lo hará. Pero lo importante y lo primero era que una empresa, la nuestra, que ha estado a punto de cerrar, abra sus puertas de nuevo en marzo, que la plantilla tenga trabajo -aunque sea discontinuo, en muchos casos- y que podamos mirar hacia delante. Así es la vida, para que luego digan que la lucha de clases no está de plena actualidad. 


En el sindicato, más que a algunos les pese, el trabajo no falta nunca, aunque a veces, demasiadas veces, el empleo sí.

En fin...larga vida a la CEOE, al PP y a la Iglesia, que por cierto estos días en que la caridad sustituye a los derechos tendrán más trabajo que nunca. A la gente de a pie, poquita vida nos va quedando...

APL



martes, 29 de mayo de 2012

“La igualdad está en el aire”

Es el título elegido para las VIII Jornadas de Mujer y Empleo que organiza anualmente UGT Granada.

Ayer, un año más tuve la oportunidad de participar en ellas. Es importante para mí como responsable de la Secretaría de la Mujer de UGT Andalucía que, en los tiempos que corren, se mantengan los foros, encuentros y actos en los que se analiza y se debate sobre la igualdad entre géneros y donde el sindicato hace una apuesta. En la única provincia liderada sindicalmente por una mujer comprometida, no podía ser menos.

Ha sido una experiencia interesante compartir mesa con Sofía Olarte, Profesora Titular en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada. Al referirse a la reforma laboral nos ha mostrado interesantes pistas y recovecos que la norma deja en el aire y que podrían, dentro de lo negativo, ser una vía de escape. Interesantísimas aportaciones las de Sofía muy basadas en la teoría y el estudio.

Me ha tocado a mí aportar la parte práctica: la experiencia sindical, centrada en cinco ejes fundamentales: el análisis de la infravaloración del trabajo femenino, la problemática laboral de las mujeres, cómo se garantiza la igualdad en los centros de trabajo, cómo la hemos negociado hasta hoy y por último qué perspectivas tenemos con la reforma laboral y la crisis actual.

Por un lado es un placer participar estas jornadas y por otro también debo confesar un cierto sentimiento de tristeza. Lo evidente que se hace el retroceso y lo claro que lo ves cuando te sientas a preparar la exposición para ese día y analizas la actualidad. La crisis nos dificulta cualquier avance, hace que socialmente la igualdad sea vista como un lujo o algo de lo que prescindir en tiempos de austeridad.

Que sí, comenzó con la crisis, cierto, pero lo de los últimos meses ha sido una verdadera involución a la que el Partido Popular en forma de gobierno le está imprimiendo un ritmo “mariatoniano”. Si ni  el propio gobierno se cree el tema, ni siquiera le da un lugar prioritario a los derechos de más de la mitad de la población, ¿Qué podemos esperar, por ejemplo, de los empresarios?

Especial valor e importancia cobran estos días el trabajo de nuestros delegados y delegadas en la empresas, tan denostados por la derecha y sus secuaces, que se empecinan en alejar el dialogo entre clases sociales y apostar por un nuevo modelo: la imposición.

Si negociar es difícil en los tiempos que corren, negociar la igualdad ni os cuento…

Me quedo con lo positivo: ilusionada por asistencia de un importante número de mujeres jóvenes, que deberán tomar el testigo de una sociedad aún desigual, sorprendida muy gratamente con la intervención de una empresaria “nada al uso” y de la que se debería tomar ejemplo, y enriquecida con las experiencias de compañeras delegadas, luchadoras y negociadoras en distintas empresas.

Mi felicitación a las compañeras Manuela Martinez, Secretaría General, Mercedes Martín Secretaria de la Mujer, Mª José Escobedo Secretaría de Formación de UGT Granada y  María Félix Rodríguez, coordinadora del Orienta en UGT Granada.

APL


martes, 11 de octubre de 2011

Ellos tenían el bar, nosotras tenemos la escuela

 


Convivimos con una cultura patriarcal, es decir,  un sistema en el que el rol del varón predomina sobre el de la mujer. Este modelo está instaurado en nuestra sociedad desde hace siglos. Sus raíces se hunden muy profundas y las consecuencias son especialmente visibles en las organizaciones de todo tipo. Llámense asociaciones, peñas, partidos políticos, sindicatos…

Como Secretaria de la Mujer me toca, con el resto de mujeres, compañeras de trabajo, analizar y combatir este comportamiento en el día a día dentro de la organización a la que pertenezco, UGT Andalucía.

Cualquier mujer que haya tenido una mínima trayectoria en el seno de esta organización en, al menos, la última década compartirá con toda probabilidad las reflexiones de este post.

Cuando una se “abstrae” y observa, ve cómo la sociedad reproduce comportamientos misóginos y machistas a diario y por momentos, pero es que a medida que una se va acercando al terreno de juego, va sintiéndolo mucho más. Especialmente cuando una colabora o milita en cualquier estructura participativa conformada por personas de ambos sexos y donde exista una mínima jerarquía de poder. El poder lo siguen ostentando y ejerciendo ellos, con muy poco interés además por compartirlo.

El sindicato, como organización representativa de la sociedad que es, reproduce esos roles y estereotipos,  desde mi punto de vista, demasiado. Tanto, que a veces aunque sólo fuera en esto, ya me gustaría que fuésemos menos representativos…

A medida que pasan los años, voy teniendo una mayor perspectiva de este problema -que lo es- y a la vez se incrementa mi interés por  denunciarlo, visibilizarlo, combatirlo y avanzar hasta alcanzar un entorno donde mujeres y hombres seamos iguales en derechos y oportunidades. Me resisto a resignarme.


En el sindicato desde los veinticinco


Aterricé en el sindicato allá por el año 2001, con veinticinco años. Una edad, por cierto, a la que algunos compañeros ya habían sido Secretarios Generales (máximo cargo de responsabilidad en UGT). Desde el principio me sentí muy identificada con las reivindicaciones y el trabajo que se desarrollaba en un sindicato, cuestión de la que, por otro lado, algo había conocido durante mi niñez en el entorno familiar.

Nunca dejó de resultarme peculiar e interesante observar los comportamientos con los que se desarrollaba la actividad sindical.

Eran largas las horas de trabajo, en las que los compañeros atendían múltiples conflictos en empresas, negociaban convenios colectivos y otro tipo de acuerdos,  realizaban procesos electorales, asesoraban directamente a personas afiliadas o no sobre despidos, reclamaciones de cantidad, derechos como permisos, salarios, etc.
Pero especialmente curiosa me resultaba la prolongación de la jornada por parte de los responsables políticos del sindicato.

Tras estas horas de trabajo la jornada se prolongaba en el bar, allí se desarrollaba otra parte del trabajo, que tenía que ver con las líneas hacia donde debía orientarse interna y externamente el sindicato, decisiones políticas…

Incluso se debatía sobre la idoneidad de ciertas personas en cargos de dirección, principalmente en etapas de procesos electorales de la estructura (congresos). En estos debates tan “importantes”, por supuesto, no participaban las mujeres. No sólo porque escaseaban, sino también porque las pocas que había probablemente no podían prolongar su jornada para tomar algo en el bar. Tenían que atender esas otras tareas del espacio privado (casa y familia).

Ni que decir tiene que los compañeros sí podían tener dedicación exclusiva y “hacer política” porque siempre había una mujer detrás, generalmente la esposa o la madre, que se ocupaba de las tareas domésticas y el cuidado de familiares.

A medida que se ha ido incrementando la presencia femenina en el mundo sindical, mujeres y hombres con responsabilidad han sido capaces de detectar estos desequilibrios y el sindicato ha sido capaz de proponer medidas que en un futuro más cercano que lejano puedan corregir esta injusticia.


Escuela de Mujeres Dirigentes


Especialmente importante es la iniciativa de la Escuela de Mujeres Dirigentes de UGT, que una vez al año desde hace seis, reúne a más de cien mujeres de todo el territorio nacional en Galicia. Una Escuela donde las mujeres sindicalistas de UGT, además de prepararnos y formarnos para ejercer el poder aprovechando nuestros valores y nuestras diferencias (pues se trata de eso, ejercer el poder de una manera distinta y de enriquecer al sindicato de nuestra perspectiva), también encontramos  ese espacio que probablemente nuestros compañeros encontraban antaño en el bar. Supone esta Escuela un foro de debate, un espacio donde marcar estrategias comunes, un lugar donde el pacto de género se cultiva.


Igualdad, esa “ñoñería” inofensiva


Es curioso descubrir cómo nuestros propios compañeros siguen pensando en esta escuela como algo “color de rosa”, algo relacionado con la igualdad, esa ñoñería inofensiva que no supone amenaza alguna para su estatus sindical. Sin embargo cuando una participa en ella, descubre talleres muy instructivos: por ejemplo  sobre cómo incorporar el género a nuestro trabajo sindical, o el nuevo liderazgo sindical con perspectiva de género, los trabajos en equipo desde la perspectiva de género, el empoderamiento y el desarrollo de redes en el marco sindical…

En los ratos libres, entre pasillos, durante la comida, incluso por la noche, finalizada ya la jornada lectiva, las conversaciones y debates entre las mujeres son tan interesantes y actuales como constructivos, cuestiones como las liberaciones, el bloqueo de las negociaciones, la debacle política que está tomando el país, la postura antisindical de las administraciones, las políticas antisociales del partido que hasta hoy ha sido la referencia de la izquierda en el poder, etc.

De vital importancia debe ser además el hecho de que en esta escuela no sólo se formen mujeres con responsabilidad en políticas de igualdad y género, sino también Secretarias Generales, de Organización, Administración etc.

Es importante no sólo tener en cuenta lo que cuesta ocupar esos espacios de poder, sino además mantenernos ahí, decidiendo y dirigiendo el sindicato. Debemos trabajar todas en la misma dirección y abrirnos las puertas unas a otras. De lo contrario corremos el riesgo de perpetuar la eterna rotación de mujeres en los cargos. Es decir, la cuota se garantizará pero nos irán cambiando a unas y otras, de manera que duremos un cuarto de horas en los puestos de dirección, impidiendo así la consolidación de nuestras políticas, ideología y planteamientos.

Algunos preguntan:
¿por qué tiene que haber una Escuela de Mujeres?
Y pregunto yo:
¿Por qué tuvo que hacerse durante tanto tiempo política en los bares?

La apuesta que el sindicato debe hacer por iniciativas
 en las que se consoliden nuevos perfiles de liderazgo debe ser contundente.
No podemos olvidar que las mujeres representamos
más de la mitad de la población.

APL



En el centro Almudena Fontecha, Sª para la Igualdad de UGT



Dolors Renau y Ana Rubio



 



domingo, 26 de junio de 2011

Ser mujer en un sindicato


No elegí el sexo con el que nacer. Sin embargo, ya en los primeros años de vida, fui perfectamente consciente de la diferencia entre nacer hombre o mujer, y podría resumirse, a mi entender, de una manera muy básica: la vida se hace mucho más cuesta arriba para ti, si eres mujer.

En general, el entorno familiar, el educativo, la sociedad, el mundo... En particular, tus padres, tus profesoras y profesores, las amistades, la televisión y un largo etcétera. No hay culpables pero sí reproductores inconscientes de los mismos roles y estereotipos de siempre.

Todo, la cultura patriarcal, la educación conservadora, el paternalismo, todo eso, que es global, se traduce en lo concreto: si eras niña, antes de salir a la calle, debías ayudar a tu madre (que no a tu padre) a las tareas del hogar, un trabajo sin retribuir que ellas nunca eligieron.

Si había niños en casa siempre estuvieron exentos de estas responsabilidades, ya por entonces disponían de más tiempo para el estudio y el ocio, más tarde para desarrollarse profesional y personalmente...

Ya en la etapa laboral, supongo que mi tendencia a rebelarme ante las injusticias y el hecho de sufrirlas en mi propio entorno de trabajo me llevó a tomar contacto con el sindicalismo, ajena por completo a lo que se me venia encima: el patriarcado sindical.

Comencé a trabajar para mis compañeras y compañeros. Pronto descubrí quién marcaba las pautas y manejaba el “cotarro” en este interesante y nuevo espacio: ellos.  

Las relaciones laborales estaban y continúan estando masculinizadas. En la parte social de las mesas de negociación, es decir por los sindicatos, se sientan nuestros compañeros. En la parte económica, es decir, las empresas, los directores de relaciones laborales, de recursos humanos siguen siendo... ellos.

Desde la primera vez que conseguí participar en una mesa de negociación, allá por el año 2002, fui ninguneada con teorías impresentables sobre mi inexperiencia, mi actitud, las técnicas... Con el tiempo la cosa ha cambiado, pero si en mi lugar se hubiera sentado un hombre a negociar, le hubiera costado, y le costaría todavía ahora, mucho menos de lo que me suele costar a mí.

A esto habría que añadir la actitud de otras mujeres que, para sobrevivir, han optado por la solución más fácil: reproducir el rol masculino, abandonar la lucha y postergar la ineludible y urgente necesidad de poner a la mujer dentro del sindicato en el lugar que le corresponde. Algo para lo que a mi juicio, todavía nos queda mucho trabajo.

Me niego a masculinizarme.
Tampoco es que quiera feminizar a mis compañeros, pero sí al sindicato.
Estar en el mundo de hoy exige que no aplacemos esto por más tiempo.


APL