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martes, 27 de marzo de 2012

Nosotras, mejor en la calle que en casa #29MHuelgaGeneral


Como mujer y como ciudadana, considero imprescindible nuestra participación en la Huelga General del próximo jueves 29 de marzo. Las mujeres de este país podemos perder mucho si no paramos la barbarie de esta Reforma Laboral, una "antirreforma" con medidas que precarizan el trabajo que queda, malvende la fuerza de trabajo futura, con la creación de empleos de corta distancia, y sobre todo con la puesta en olvido de todo cuanto las mujeres habíamos avanzado en esto que creíamos que era lugar a compartir, el mundo que hace a las personas independientes, el mundo del trabajo remunerado.

La organización en la que milito y en la desempeño mi trabajo como responsable de la Secretaría de la Mujer, UGT Andalucía, así lo sostiene además. Hoy mismo su máximo responsable el Secretario General de UGT Andalucía, Manuel Pastrana, en su último post,  "Mujeres en Huelga" hace un llamamiento a la participación de las mujeres en la huelga. La revolución silenciosa a la que hace referencia, esa revolución sin otros medios que el poder de la conciencia, la perseverancia, y la fortaleza que otorgan las pequeñas pero continuas conquistas, hechas desde las grandes dificultades, tiene sus estallidos de cólera, cuando los ardides de la política pretenden recular sin tener en cuenta que las mujeres no sobramos en el ámbito público, y que el trabajo en casa es para cuantos habitan en ella, todos y cada uno de sus miembros.

No puedo dejar de manifestar mi vergüenza, vergüenza e indignación por esta nueva agresión del Partido Popular, que hunde en el pozo de la crisis todo aquello que daba aire de normalidad a la regulación de las condiciones laborales de los trabajadores y las trabajadoras, en consonancia con el Estado de Bienestar que el diálogo social tanto había contribuido a construir.

Pero es que los que mucho ganaban, bien quieren seguir ganando con esta crisis, y para ello pretenden desmontar el Estado de Bienestar y redistribuir las riquezas generadas por los trabajadores y trabajadoras sólo entre sus propias arcas, y quien quiera trabajo que levante el dedo, que ya decidirá el patrón cómo, cuándo, hasta cuándo y sobre todo  por cuánto, que ya no hay negociación que valga.

La conciliación de la vida laboral, familiar y personal vuelve a situarse, pese a la Ley de Igualdad, en el ámbito privado, en favor de una corresponsabilidad entre hombres y mujeres que no acaba por llegar. Con ello el gobierno exime a las empresas de cualesquiera medidas que las responsabilicen socialmente, y también de su compromiso debido en el terreno de la igualdad de oportunidades.

La flexibilidad que la Reforma Laboral otorga a las empresas para modificar las condiciones laborales de los trabajadores y las trabajadoras hará verdaderamente poco posible el ejercicio de los derechos de conciliación de la vida laboral, familiar y personal.

Es necesario que hoy más que nunca que las mujeres nos sumemos a esta Huelga General, para poner de manifiesto que los trabajadores, pero también las trabajadoras, mucho tenemos que decir sobre las relaciones laborales, y que no estamos dispuestas a aceptar que sean sólo bilaterales, entre gobierno y empresa.


Quieren devolvernos a casa y no sólo no lo vamos a permitir,
sino que además vamos a inundar las calles
#29MHuelgaGeneral #TomaLaCalle

APL

lunes, 19 de marzo de 2012

Injustamente visibles

Foto del artículo "¿Quién hundió las cajas?" publicado por "El País" en fecha 18 de marzo de 2012

Abrir ayer “El País”, pasar las páginas y encontrarse de repente con el titular “¿Quién hundió a las cajas?” con la foto de dos mujeres ocupando casi media página es, cuanto menos, para ponerse de mal  humor.

El artículo promociona la lectura del libro “Las Dos Próximas Recesiones” de Juan Ignacio Crespo. Una publicación, que pinta muy bien: el hundimiento de las cajas como la pérdida de riqueza colectiva, la entrada en su capital de inversores públicos o privados, el carácter social de estas entidades, la imagen que la ciudadanía percibe de ellas, el dilema de si responsabilidad política o responsabilidad de gestión interna… etc.

Pero, a simple vista, y a juzgar por “lo visible” pudiera parecer que las personas responsables del hundimiento de las cajas de ahorro españolas tuvieran cara de mujer. La reflexión me resulta inevitable.

Que yo sepa, las mujeres hemos pintado poco, muy poco, en las decisiones macroeconómicas y globales. Sin embargo, si alguna hace una nefasta gestión, más o menos como el resto de sus colegas, ¡cuidado! porque saldrá en la foto y, además, a toda página.

Que yo sepa las mujeres NO dirigimos entidades financieras, bueno si…en un 15%. Es decir, se escoge la foto de una mujer que representa al 15% frente al 85% de directivos varones. Justo el criterio contrario que se utiliza, entre otros, para el lenguaje donde el masculino refiere lo genérico y el femenino lo concreto. De hecho, el artículo utiliza en todo momento al referirse a los políticos o a los directivos (de las cajas) el masculino. (Eso sí, en la foto, dos mujeres).


Visto lo visto, está claro que "los famosos mercados",
a quienes nadie consigue ponerles cara,
deben pertenecer al sexo masculino.


Porcentajes de la representatividad por género en los Consejos de Administración de las Cajas de Ahorro más significativas a fecha de 2009:

Cajastur                                8 mujeres (27%)    22 hombres (73%)
Caixa Cataluña                    5 mujeres (24%)   15 hombres (76%)
Cajasur                                 5 mujeres (24%)   16 hombres (76%)
C.A. Castilla La Mancha      2 mujeres (13%)   13 hombres (87%)
Caja Madrid                         2 mujeres (9%)     20 hombres (91%)


APL

martes, 11 de octubre de 2011

Ellos tenían el bar, nosotras tenemos la escuela

 


Convivimos con una cultura patriarcal, es decir,  un sistema en el que el rol del varón predomina sobre el de la mujer. Este modelo está instaurado en nuestra sociedad desde hace siglos. Sus raíces se hunden muy profundas y las consecuencias son especialmente visibles en las organizaciones de todo tipo. Llámense asociaciones, peñas, partidos políticos, sindicatos…

Como Secretaria de la Mujer me toca, con el resto de mujeres, compañeras de trabajo, analizar y combatir este comportamiento en el día a día dentro de la organización a la que pertenezco, UGT Andalucía.

Cualquier mujer que haya tenido una mínima trayectoria en el seno de esta organización en, al menos, la última década compartirá con toda probabilidad las reflexiones de este post.

Cuando una se “abstrae” y observa, ve cómo la sociedad reproduce comportamientos misóginos y machistas a diario y por momentos, pero es que a medida que una se va acercando al terreno de juego, va sintiéndolo mucho más. Especialmente cuando una colabora o milita en cualquier estructura participativa conformada por personas de ambos sexos y donde exista una mínima jerarquía de poder. El poder lo siguen ostentando y ejerciendo ellos, con muy poco interés además por compartirlo.

El sindicato, como organización representativa de la sociedad que es, reproduce esos roles y estereotipos,  desde mi punto de vista, demasiado. Tanto, que a veces aunque sólo fuera en esto, ya me gustaría que fuésemos menos representativos…

A medida que pasan los años, voy teniendo una mayor perspectiva de este problema -que lo es- y a la vez se incrementa mi interés por  denunciarlo, visibilizarlo, combatirlo y avanzar hasta alcanzar un entorno donde mujeres y hombres seamos iguales en derechos y oportunidades. Me resisto a resignarme.


En el sindicato desde los veinticinco


Aterricé en el sindicato allá por el año 2001, con veinticinco años. Una edad, por cierto, a la que algunos compañeros ya habían sido Secretarios Generales (máximo cargo de responsabilidad en UGT). Desde el principio me sentí muy identificada con las reivindicaciones y el trabajo que se desarrollaba en un sindicato, cuestión de la que, por otro lado, algo había conocido durante mi niñez en el entorno familiar.

Nunca dejó de resultarme peculiar e interesante observar los comportamientos con los que se desarrollaba la actividad sindical.

Eran largas las horas de trabajo, en las que los compañeros atendían múltiples conflictos en empresas, negociaban convenios colectivos y otro tipo de acuerdos,  realizaban procesos electorales, asesoraban directamente a personas afiliadas o no sobre despidos, reclamaciones de cantidad, derechos como permisos, salarios, etc.
Pero especialmente curiosa me resultaba la prolongación de la jornada por parte de los responsables políticos del sindicato.

Tras estas horas de trabajo la jornada se prolongaba en el bar, allí se desarrollaba otra parte del trabajo, que tenía que ver con las líneas hacia donde debía orientarse interna y externamente el sindicato, decisiones políticas…

Incluso se debatía sobre la idoneidad de ciertas personas en cargos de dirección, principalmente en etapas de procesos electorales de la estructura (congresos). En estos debates tan “importantes”, por supuesto, no participaban las mujeres. No sólo porque escaseaban, sino también porque las pocas que había probablemente no podían prolongar su jornada para tomar algo en el bar. Tenían que atender esas otras tareas del espacio privado (casa y familia).

Ni que decir tiene que los compañeros sí podían tener dedicación exclusiva y “hacer política” porque siempre había una mujer detrás, generalmente la esposa o la madre, que se ocupaba de las tareas domésticas y el cuidado de familiares.

A medida que se ha ido incrementando la presencia femenina en el mundo sindical, mujeres y hombres con responsabilidad han sido capaces de detectar estos desequilibrios y el sindicato ha sido capaz de proponer medidas que en un futuro más cercano que lejano puedan corregir esta injusticia.


Escuela de Mujeres Dirigentes


Especialmente importante es la iniciativa de la Escuela de Mujeres Dirigentes de UGT, que una vez al año desde hace seis, reúne a más de cien mujeres de todo el territorio nacional en Galicia. Una Escuela donde las mujeres sindicalistas de UGT, además de prepararnos y formarnos para ejercer el poder aprovechando nuestros valores y nuestras diferencias (pues se trata de eso, ejercer el poder de una manera distinta y de enriquecer al sindicato de nuestra perspectiva), también encontramos  ese espacio que probablemente nuestros compañeros encontraban antaño en el bar. Supone esta Escuela un foro de debate, un espacio donde marcar estrategias comunes, un lugar donde el pacto de género se cultiva.


Igualdad, esa “ñoñería” inofensiva


Es curioso descubrir cómo nuestros propios compañeros siguen pensando en esta escuela como algo “color de rosa”, algo relacionado con la igualdad, esa ñoñería inofensiva que no supone amenaza alguna para su estatus sindical. Sin embargo cuando una participa en ella, descubre talleres muy instructivos: por ejemplo  sobre cómo incorporar el género a nuestro trabajo sindical, o el nuevo liderazgo sindical con perspectiva de género, los trabajos en equipo desde la perspectiva de género, el empoderamiento y el desarrollo de redes en el marco sindical…

En los ratos libres, entre pasillos, durante la comida, incluso por la noche, finalizada ya la jornada lectiva, las conversaciones y debates entre las mujeres son tan interesantes y actuales como constructivos, cuestiones como las liberaciones, el bloqueo de las negociaciones, la debacle política que está tomando el país, la postura antisindical de las administraciones, las políticas antisociales del partido que hasta hoy ha sido la referencia de la izquierda en el poder, etc.

De vital importancia debe ser además el hecho de que en esta escuela no sólo se formen mujeres con responsabilidad en políticas de igualdad y género, sino también Secretarias Generales, de Organización, Administración etc.

Es importante no sólo tener en cuenta lo que cuesta ocupar esos espacios de poder, sino además mantenernos ahí, decidiendo y dirigiendo el sindicato. Debemos trabajar todas en la misma dirección y abrirnos las puertas unas a otras. De lo contrario corremos el riesgo de perpetuar la eterna rotación de mujeres en los cargos. Es decir, la cuota se garantizará pero nos irán cambiando a unas y otras, de manera que duremos un cuarto de horas en los puestos de dirección, impidiendo así la consolidación de nuestras políticas, ideología y planteamientos.

Algunos preguntan:
¿por qué tiene que haber una Escuela de Mujeres?
Y pregunto yo:
¿Por qué tuvo que hacerse durante tanto tiempo política en los bares?

La apuesta que el sindicato debe hacer por iniciativas
 en las que se consoliden nuevos perfiles de liderazgo debe ser contundente.
No podemos olvidar que las mujeres representamos
más de la mitad de la población.

APL



En el centro Almudena Fontecha, Sª para la Igualdad de UGT



Dolors Renau y Ana Rubio