lunes, 10 de marzo de 2014

9 de marzo, el día después

Fotografía de Alain Laboile
Ayer, 8 de marzo, volvíamos un año más a conmemorar, recordar, reivindicar y denunciar que los derechos de las mujeres han de ser los mismos que los del resto de seres humanos. Tener un día señalado en el almanaque no sólo no está mal sino que además es imprescindible. El 8 de marzo debe quedar marcado, por siempre, bien rojo, en nuestra agenda personal y colectiva. Que no se nos olvide que, en determinados momentos de nuestra historia, estos derechos costaron, y cuestan aún, sangre…también sudor y lágrimas en el día a día.
Ayer nos pusimos el mundo por montera. Fueron muchísimos los artículos de opinión, ilustraciones, reportajes y estudios comparativos publicados sobre la discriminación que sufrimos las mujeres. Casi me atrevería a decir que más que otros años, cosa que no es de extrañar dada la ofensiva brutal que el gobierno estatal se está atreviendo a perpetrar, hasta contra nuestros cuerpos. También fueron muchas las personas y personajes públicos que hicieron declaraciones a favor de la causa. Unos, sintiéndolo de verdad, otros, no tanto.
No ha parado este gobierno del Partido Popular, desde que la ciudadanía le entregó la suicida mayoría absoluta, en su empeño por desviarnos del camino que ya iniciamos hace tiempo, ese que íbamos construyendo demasiado poco a poco, desde mi modesto punto de vista. El objetivo está más que claro, o eso espero, a estas alturas: las mujeres a casa, a reproducir, y los varones a producir, para mantenerlos a ellos y a ellas en su estatus. La clase alta sigue saliendo beneficiada de esta crisis que nos lleva por delante al resto.
Sin embargo ¿qué le pasa a la izquierda con las mujeres? o mejor dicho ¿qué le pasa con las feministas? A algunos parece que les diera urticaria el simple hecho de sentirnos cerca. A veces tengo la sensación (espero que sólo sea eso) de que cuanto más a la izquierda, peor se pone la cosa. Observo los nuevos movimientos e iniciativas políticas que intentan aglutinar a la izquierda de este país y veo pocas mujeres. Se cuentan con los dedos de una mano las mujeres feministas que no son expulsadas del entorno de las organizaciones político-sindicales de la izquierda, pareciera que el patriarcado se hubiese asentado profundamente en ellas. Y siempre me gusta remitir a un artículo de Beatriz Gimeno que describe de forma brillante, a la vez que implacable, lo que muchas feministas experimentamos en la izquierda, se trata de “Feminismo en los partidos y mujeres excusa”.
De esta manera el feminismo, que debiera ser bandera de los progresistas, termina quedándose en una especie de “tierra de nadie” defendida por una suerte “locas molestas y radicales que no se adaptan (o someten)”… Y así vamos, como en tantas otras cosas: tarde, muy tarde. Tan tarde que cuando viene la “ofensiva pepera” sólo necesita un par de añitos para llevárselo todo por delante.
Afortunadamente, mientras esto ocurre y nuestros compañeros se la siguen cogiendo con papel de fumar y se dedican a vigilar cada rendija por la que se le puede colar una feminista, el feminismo y su capacidad de reacción vuelve a tomar las calles en nuevas oleadas históricas para defender nuestra libertad y nuestros derechos. Sí, otra vez, el feminismo.
Desde luego algo hemos debido hacer bien, pues empieza a ser importante el número de compañeros que se suman a nuestras reivindicaciones, eso sí de los “rasos”, en su mayoría sin cargo ni tarjeta de presentación, claro. Y algo ha de estar despertando todo esto en el patriarcado institucionalizado de la izquierda que empiezan a urdir nuevas estrategias para adaptarse, eso sí, sin perder un milímetro de espacio. Nuestros viriles varones han decidido disfrazarse de nosotras, y encima no han tenido ni que esperar al carnaval para comprar disfraz, se lo hemos prestado nosotras mismas, las “mujeres excusa”, esas que abandonan la lucha para ponérselo un poquito más fácil a ellos y más difícil a nosotras.
Y es así como la historia de una mayoría, más de la mitad de la población, decide que las cuentas no salgan y apuesta por convertir la esperanza de muchas en un mero disfraz.
Ayer fue 8 de marzo, hoy ha sido 9, el día después, esperemos que la estela de solidaridad perdure hasta el próximo 8 de marzo, serán más llevaderas las agresiones diarias del machismo patriarcal. Porque mañana, día 10, seguiremos cobrando un salario menor, seremos nosotras las que seguiremos soportando la conciliación de la vida familiar y laboral, nos seguirán cerrando en nuestras narices la lujosas puertas color caoba de los prestigiosos despachos, seguiremos ocupando los puestos más bajos y peor retribuidos en las empresas, engrosaremos la cabeza de las listas del desempleo, la precariedad y la temporalidad se seguirán cebando en nosotras, la pobreza seguirá teniendo nombre de mujer, el acoso sexual seguirá siendo soportado por nuestro género y seguiremos siendo nosotras las víctimas de la violencia más brutal por parte de aquellos que dicen “amarnos”, seguiremos en constante estado de alerta pendientes para que no nos pille desprevenidas la próxima jugarreta. En definitiva, seguiremos soportando el gran peso de ser mujer en una sociedad injusta y desigual.
Pero sobre todo, continuaremos en la lucha porque si no, no seríamos nosotras, seriamos eso, “mujeres excusa”.
Fotografía de Maxine Helfman
Fotografía de Maxine Helfman
Quiero compartir lo que ayer escribía Amélia Valcárcel en su perfil de Facebook, es el testigo de mujeres como ella ese que debemos tomar:
“Buenos mediodías con esta conocida lista:
Si eres mujer y…
1. Puedes votar, agradéceselo a una feminista.
2. Recibes igual salario al de un hombre por hacer el mismo trabajo, agradéceselo a una feminista.
3. Fuiste a la Universidad en lugar de dejar los estudios después del Bachillerato para que tus hermanos pudieran estudiar pues “tú de todos modos simplemente vas a casarte”, agradéceselo a una feminista.
4. Puedes solicitar cualquier empleo, no sólo un “trabajo para mujeres”, agradéceselo a una feminista.
5. Puedes recibir y brindar información sobre control de la fertilidad sin ir a la cárcel por ello, agradéceselo a una feminista.
6. Eres médica, abogada, pastora, jueza o legisladora, agradéceselo a una feminista.
7. Practicas un deporte profesional, agradéceselo a una feminista.
8. Puedes usar pantalones sin ser excomulgada de tu iglesia o sacada
del pueblo, agradéceselo a una feminista.
9. A tu jefe le está prohibido presionarte a que te acuestes con él, agradéceselo a una feminista.
10. Eres violada pero el juicio no se trata sobre el largo de tu vestido o tus novios anteriores, agradéceselo a una feminista.
11. Inicias negocio y puedes obtener un préstamo usando sólo tu nombre y tus antecedentes de crédito, agradéceselo a una feminista.
12. Estás bajo juicio y se te permite testificar en tu propia defensa, agradéceselo a una feminista.
13. Posees propiedad que es únicamente tuya, agradéceselo a una feminista.
14. Tienes derecho a tu propio salario aún si estás casada o hay un hombre en tu familia, agradéceselo a una feminista.
15. Obtienes la custodia de tus hijas e hijos tras un divorcio o una separación, agradéceselo a una feminista.
16. Tienes voz en cómo criar y cuidar a tus hijas e hijos en lugar de que los controle completamente tu esposo o su padre, agradéceselo a una feminista.
17. Tu marido te golpea y esto es ilegal y la policía lo detiene en vez de sermonearte sobre cómo ser una mejor esposa, agradéceselo a una feminista.
18. Se te otorga un título después de ir a la Universidad, en lugar de un mero certificado de haber completado los estudios, agradéceselo a una feminista.
19. Puedes amamantar a tu bebé, eso sí, todavía discretamente, en un lugar público y no ser arrestada por ello, agradéceselo a una feminista.
20. Te casas y tus derechos humanos civiles no desaparecen dentro de los derechos de tu esposo, agradéceselo a una feminista.
21. Tienes el derecho a rehusar tener relaciones sexuales con tu esposo, agradéceselo a una feminista.
22. Tienes derecho a que tus registros médicos confidenciales no sean divulgados a los hombres de tu familia, agradéceselo a una feminista.
23. Tienes derecho a leer los libros que desees, agradéceselo a una feminista.
24. Puedes escoger ser madre o no cuando tú quieras y no según los dictados de un esposo o un violador, agradéceselo a una feminista.
25. Puedes esperar vivir hasta los 80 años en vez de morir entre los 20 y 30 a causa de embarazos ilimitados, agradéceselo a una feminista.
26. Puedes verte como una humana adulta plena, y no como una menor de edad que necesita ser controlada por un hombre, agradéceselo a una feminista.
Hoy especialmente, por decencia, mira el mundo, comprueba que ha mejorado y..
AGRADÉCESELO A UNA FEMINISTA.”
APL.

domingo, 9 de febrero de 2014

Mujeres "de poder prestado" en la izquierda


Hace tiempo que vengo pensando en abordar un tema que intuyo algo tabú en el mundo del feminismo. Nos cuesta mucho reconocer que la maravillosa “cuota de género”, esa que tanto nos ha hecho avanzar, está siendo utilizada de manera perversa. Cuesta denunciar que hay mujeres que, lejos de aprovechar su llegada al poder para cambiar las cosas, lo hacen para seguir al pie de la letra el mandato patriarcal y así prolongar un modelo que, a estas alturas de la película, ha evidenciado no responder a nuestra principal necesidad: alcanzar la igualdad real y participar en los espacios donde se decide para transformarlos en espacios con un mayor equilibrio, con distintas perspectivas y donde no exista hostilidad hacia ninguno de los dos sexos.
Corría el mes de de diciembre de 2011 cuando, dados los obstáculos con que me topaba en mi trabajo diario, andaba dándole vueltas en mi cabeza a este tema. Me preocupaba esta realidad principalmente en las organizaciones de izquierda, que han sido quienes realmente ha provocado los mayores avances en este país. Me topé por casualidad, en la red, con el que, hasta hoy, me parece el artículo que denuncia de la manera más clara esta realidad. En “Feminismo en los partidos y mujeres excusa”, Beatriz Gimeno describe al detalle y de manera valiente lo que muchas mujeres, que hemos ocupado cargos de responsabilidad en alguna organización, hemos vivido y padecido.
Resulta difícil manejarse entre continuas contradicciones como las que se dan en las estructuras de poder, pero lo que de verdad resulta complejo es, darle la vuelta al espejo y mostrar a “los poderosos” la imagen que éste les devuelve. Denunciar en el interno de estas instituciones que las actitudes no se corresponden con el discurso con que muchos se llenan la boca, eso es letal en política.
Tiene todo esto mucho que ver con la crisis que en la actualidad atravesamos, ésta ha evidenciado las contradicciones del sistema, contradicciones que provocan una gran desafección en una ciudadanía muy castigada que exige instituciones más auténticas y transparentes. Para ello además reclaman una mayor participación que sólo será posible tumbando organismos excesivamente verticales y forzando una mayor horizontalidad, acercándolos a las personas.
Y centrándome en el tema que quiero abordar en este artículo, la discriminación por razón de sexo, ¿resulta lógico, por ejemplo, que una organización sindical de clase, entre sus tareas relacionadas con la igualdad entre géneros, trabaje por la implantación de planes de igualdad en las empresas? ¿Es loable el trabajo que se hace en el seno de la negociación colectiva por romper el techo de cristal, la segregación ocupacional, la brecha salarial, el acoso sexual, etc.? Lo es y mucho.
Pero no tiene ningún sentido, ni resulta lógico o ponderable que, cuando observamos y analizamos estas estructuras sindicales, nos encontremos con una realidad como la denunciada en el artículo “Los sindicatos mayoritarios suspenden en materia de igualdad” publicado el pasado 23 de agosto de 2013 en eldiario.es.
Es una realidad que en el seno de gran parte de las organizaciones e instituciones actuales, sigue existiendo sexismo. La segregación horizontal es muy visible, las mujeres son aglutinadas en responsabilidades donde el ejercicio del poder es escaso (lejos de las cuentas y del poder organizativo), por lo general suelen atender espacios más relacionados con lo “social”. Por otro lado y, lo que de verdad es más que visible, yo diría pornográficamente visible, es la segregación vertical o el más conocido techo de cristal. Los líderes son masculinos. El patriarcado político-sindical-institucional se resiste con uñas y dientes no sólo a abandonar el poder, también al simple hecho de compartirlo.
Y aquí entra la contradicción. ¿Qué hacen nuestros líderes cuando han hecho suyo –al menos estéticamente- mensajes del movimiento feminista, reiterando una y otra vez las proclamas de la lucha de tantas mujeres en sus discursos?  ¿Qué hacen cuando, tras ser aceptadas por la opinión pública tan razonables reivindicaciones empiezan a sentir que éstas se acercan peligrosamente y les toca a ellos rendir cuentas? ¿Qué hacen cuando tocan los hechos y no las palabras? Porque está claro que un político o un dirigente “de pura cepa” no puede permitirse entrar en contradicción y quedar en evidencia.  Nada mejor entonces, que echar mano del ingenio y nada tan recurrente como una chistera. Y voilà, como por arte de magia aparece la “mujer excusa”.
Es así como, “el macho dominante” (que diría Felix Rodríguez De La Fuente) vuelve a la carga, urde una nueva y salvaje estrategia para seguir aferrándose a ese suculento espacio llamado “poder” y salvar “los obstáculos de la civilización”.
Pelear dentro de cualquier estructura de poder por el espacio que debieran ocupar las mujeres, y que aún no ocupan es una batalla campal, algo verdaderamente agotador. Pero a la vez enriquecedor, cuando una participa directamente en este tipo de espacios termina haciendo algunas reflexiones y observaciones que identifican perfectamente estas conductas machistas. Ponerlas en común con otras mujeres que pasan por lo mismo en otros espacios y con hombres cuya tolerancia hacia la desigualdad es cero, debería ser el principio de la solución.
Algunas de las pistas que delatan estos comportamientos son, por ejemplo, la alta rotación de las mujeres en los puestos de dirección, independientemente de la responsabilidad que se tenga. Salvo excepciones, ninguna mujer se consolida como una gran lideresa, aunque sea en “su negociado”. Es decir, la cuota se cubre pero sustituyendo unas mujeres por otras, como si de un kleenex se tratasen, con el único objetivo de que no consoliden, para así no tener que compartir espacio. Son pocas las mujeres que podemos recordar en primera línea de la política, del sindicalismo o de la propia historia de nuestro país, mientras muchos son los incuestionables y empoderados “barones”. Ésta es una de las formas más claras de pervertir la cuota, pues se mantienen los porcentajes numéricos de las éstas, pero la impronta de la mujer, la forma distinta de analizar y gestionar nunca llega a consolidarse pues no se nos permite ni siquiera llegar a conocer con una mínima profundidad el terreno de juego.
Por otro lado existen mujeres que sí permanecen. Si observamos estos casos, en muchos de ellos se trata de mujeres que jamás cuestionan al líder o alguna de sus decisiones. Saben que les va la vida en ello, al menos la vida política. Terminan siendo sumisas con ellos e implacables con las insumisas. Algunas llegan a desempeñar vergonzantes papeles prestándose incluso a ser títeres del verdadero poderoso que se esconde detrás del escenario. Por no ahondar en ejemplos que he vivido muy de cerca de mujeres que llegan a reproducir en política ese “rol de cuidadoras” que durante tanto tiempo se nos ha asignado en el espacio privado. Llega a ser lamentable el papel obstaculizador que algunas mujeres llegan a desempeñar bajo una “pose” de feminismo.
Son muy pocas, las mujeres que a lo largo de la historia han llegado a puestos de relevancia politico-social desde su independencia, su diferencia de opinión o su autonomía. La clave está en que son ellos y sólo ellos quienes deciden a quien “poner”. Siguen escogiendo ellos, la mayoría de las veces a otro ellos, en contadas ocasiones eligen a una mujer. Por lo general lo hacen cuando las circunstancias ya los condicionan y se ven forzados, entonces, insisto, tiran de la “mujer excusa”, siguen manejando los hilos ellos mismos sólo que bajo la estética de una mujer.
Ciertamente hemos conseguido que más mujeres lleguen, pero si las que llegan lo hacen sin reconocer el trabajo que muchas otras hacen, sufriendo represalias continuas, para que precisamente ellas estén ahí, entonces hemos hecho, como se suele decir, “un pan como una hostia”.
Así que, una vez diagnosticados los problemas es necesario poner en marcha medidas que permitan corregir estas desviaciones que, aunque son sutiles en su estrategia, también son letales para el objetivo real, la igualdad verdadera.
No sé si la idea de partidos políticos o sindicatos de mujeres sería buena pues podría de alguna forma evitar la convivencia, compartir espacios y además podría terminar generando aislamiento o mundos paralelos. Pienso que se deben seguir peleando los derechos en el mismo espacio aunque, por el momento sea en situación de desventaja.
Quizás la cuota debería dar un paso más allá y pasar de ser sólo “cuantitativa” a ser también “cualitativa”. Debe existir una mayor sensibilidad hacia las desigualdades que padecen las mujeres en estos órganos, para ello la formación en igualdad en el seno de los partidos y sindicatos es imprescindible. Deben incorporarse a la dirección hombres y mujeres que verdaderamente crean en la igualdad entre sexos y en la ideología feminista. La teoría feminista, por mucho que se intente denostar, ha conseguido logros de muy transcendentales a lo largo de la historia y las organizaciones de izquierdas no pueden permitirse el lujo de dejarla de lado mientras pretenden abanderar la igualdad de clases o la defensa de las personas mayores dificultades. A eso se le llama cinismo.
“Que la mujer trabaje para ganarse la vida, o hasta para redimir su dignidad, bien; pero que la mujer trabajando pretenda elevarse intelectualmente tanto como el hombre, esto es lo que muy pocos todavía entienden por aquí”.
Margarita Nelken.
“La condición social de la mujer en España”, 1919.


APL

lunes, 3 de febrero de 2014

La historia de un tren llamado Libertad

Corría el año 2014 en una Europa desolada, secuestrada por malos gobernantes y presa de un capitalismo salvaje que campaba a sus anchas por casi todo el territorio. El viejo continente que fuera referencia de conquistas sociales y fiel garante de libertades y derechos estaba irreconocible.

Conflictos y emociones que quedaron sin resolver aquellos lejanos años de guerra, asomaban de nuevo como luces intermitentes que anunciaban un giro inminente. Las viejas doctrinas neoliberales habían permanecido en el subsuelo político y económico hasta saltar como una mina que estalla a la superficie. Se valieron de una democracia tocada, una política desprestigiada y unas instituciones noqueadas.

Entre los países más castigados, como siempre, los del sur. Allí la gente empezaba a salir de sus casas para protestar, se produjeron revueltas y enfrentamientos callejeros que, en muchas de las ocasiones, dejaron personas heridas de muerte.

Al sur del sur europeo estaba España, un reino que sufría las consecuencias de cinco años consecutivos de crisis económica. A diario había desahucios, altísimas tasas de paro que llegaron a alcanzar el 25% de la población, cierre masivo de fábricas y empresas, la asfixia económica de familias enteras hizo caer por los suelos los niveles de consumo, el deterioro y privatización de servicios básicos públicos, como la sanidad o la enseñanza, estaban a la orden del día, incluso subieron los índices de suicidio.

La decepción del pueblo español con la izquierda política había propiciado, años antes, unas urnas con demasiada proporción de sobres azules, que se tradujeron en un gobierno liderado por el conservador Partido Popular. Un partido que aglutinaba prácticamente a toda la derecha, desde la más moderada hasta la ultraderecha descendiente directa del gobierno de la dictadura del General Franco. Los patronos y la Iglesia Católica, como antaño, tenían alta cuota de representación en los ministerios. Y cuando llegaron al poder absoluto, metieron en un cajón el programa electoral con el que consiguieron engañar al pueblo en las fatídicas elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, e iniciaron una trasformación ideológica del país, una verdadera regresión. Cuando los habitantes del reino se vinieron a dar cuenta a España ya tampoco la reconocía ni dios.

Un buen día se produjo uno de esos hechos que terminan desencadenando una enorme reacción ciudadana. Y fue que, al entonces Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, no se le ocurrió otra cosa que  tocarles los ovarios a las mujeres.

Quiso este ministro, de estirpe cercana al franquismo y educado en una estricta y profunda moral católica, meter las narices allí donde no le llamaban, en la maternidad y la libertad de las propias mujeres a elegirla. Se afanó en imponer una ley que convertía el derecho de las mujeres a la interrupción legal del embarazo en un delito que podría ser despenalizado sólo en algunos casos muy restringidos y específicos, entre los que no se contemplaban ni siquiera el caso de malformación del feto.

La sociedad española tenía una larga trayectoria patriarcal que nunca consiguió superar del todo. Las mujeres que trabajaban, lo hacían en una situación de inferioridad económica, de menor estabilidad y con unos riesgos importantes de perder el empleo, precisamente cuando elegían ser madres o disfrutar de algún derecho derivado de la maternidad.
Las que no trabajaban, soportaban las cargas familiares cada día con menos ayuda por parte del estado, y estiraban como el chicle los escasos ingresos que entraban en casa para poder sobrevivir. La asistencia a personas con dependencia y la educación de los hijos se habían convertido en un lujo. Las becas de estudio se habían casi eliminado, mientras el material escolar y las matrículas subían cada vez más. El precio de la luz y hasta el de la bombona de gas estaban ya por las nubes.

Tenían además otros problemas verdaderamente graves que superaban los laborales o económicos, sufrían la violencia machista. Más de 700 mujeres habían sido asesinadas durante la última década.

Aburridas, hartas, cansadas, e indignadas, las intenciones del Ministro de Justicia fueron la gota que colmó el vaso. Eran conscientes además de que no tenían capacidad de decisión en una sociedad en la que las instituciones, los partidos políticos y los sindicatos estaban dirigidos por hombres y para mayor desgracia, con las pocas mujeres que había en el gobierno tampoco se podía contar, porque defendían las mismas políticas que sus compañeros de partido.

Sólo les quedaba la protesta y la movilización. Y fue en Asturias, tierra de mujeres fuertes y convencidas, donde saltó la chispa. La Tertulia Feminista “Les Comadres” y la asociación Mujeres por la Igualdad de Barredos se reunieron días después de la aprobación el 20 de diciembre del anteproyecto de ley y pusieron en marcha lo que hoy se conoce como el “Tren de La Libertad”.

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La casualidad quiso que el día que el tren partía coincidiera con unos días de retiro que el gobierno y su partido se habían tomado en Valladolid, para marcar estrategias y ampliar su dominio fuera de las fronteras, hacia Europa. Inmersos en su fiebre de conquista se hallaban, cuando el tren hizo su primera parada, allí mismo, a sus puertas. Las mujeres bajaron ataviadas con prendas de color lila, cargadas de pancartas con leyendas reivindicativas, portaban también megáfonos que ampliaban sus voces y multiplicaban sus mensajes de rechazo.

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La siguiente parada fue Madrid, la ciudad donde tenía su sede el gobierno central. Una ciudad que si bien fue ejemplo de progreso y modernidad en otra época, con el paso de los años y los sucesivos gobiernos regionales y locales se había convertido en un lugar gris, icono del mayor de los conservadurismos.

En la estación de Atocha aguardaba una gran sorpresa a las mujeres asturianas: decenas de miles de mujeres que se habían desplazado desde distintos puntos del país hasta allí, para recibirlas y acompañarlas en una lucha que era la de todas. Se fueron sumando mujeres de todo tipo, lugares y perfiles, heterosexuales, lesbianas y bisexuales, obreras y empresarias, pobres y menos pobres, tenderas, enfermeras, camareras, médicas, costureras, abogadas, profesoras, periodistas, mujeres del mundo de la cultura… hasta las actrices que terminaron haciendo una película de gran éxito en los cines. También fueron muchos los hombres que se animaron a acudir, hombres que querían mujeres tan libres como ellos, compañeras, iguales.

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El Tren de la Libertad sí que fue capaz de traspasar fronteras. Fue determinante la solidaridad de las mujeres de otros países y lugares, entre ellas destacaron las parisinas cuyas manifestaciones también llenaron las calles.

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El tren continuó su marcha, fue un largo camino, años enérgicos, rebosantes de lucha y de ilusión.

Y fue así como aquello que comenzó siendo una protesta que pedía la retirada de un anteproyecto de ley al grito de “nosotras parimos, nosotras decidimos” o “sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios” terminó convirtiéndose en historia. La cuarta ola de la historia del movimiento feminista estaba en marcha y esta vez, venía en tren y veloz.

La historia nos da lecciones de vida, nos enseña que cuando todo parece estar perdido y las soluciones se ven lejanas, entonces salta esa chispa de la solidaridad capaz de unir las fuerzas y las energías de muchas personas y hasta derrocar gobiernos para cambiar el rumbo y reconquistar derechos.

APL
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lunes, 13 de enero de 2014

De la comunicación y de la UGT Andalucía


Antes que nada quiero aplaudir la elección de una mujer como Secretaria General de UGT Andalucía. Sin duda es un cambio al que deben seguir muchos otros.

También me alegra sinceramente coincidir con la nueva Secretaria General, Carmen Castilla, en esto: la política de comunicación. Lo he venido repitiendo en numerosas ocasiones, que uno de los puntos débiles de UGT era su política de comunicación. Lo he dicho públicamente y hay muchos medios que lo recogen como El País “La estrategia es clara, pero UGT no está siendo capaz de denunciarla por su incapacidad comunicativa."  eldiario.es “Creo que es cierto, que hay un ataque a los sindicatos. Pero se contrarresta con una "política de comunicación adecuada" y "transparencia"

También lo planteé mientras fui ejecutiva, en ese lugar que llaman el territorio de la “lealtad”, en los órganos internos del sindicato.  Hasta entonces, como en tantas otras cosas, la propia dirección del sindicato estaba siendo superada por las bases. Prueba de ello es el uso de las redes sociales en la propia acción sindical, los perfiles en Facebook, Twitter y los distintos blogs, estaban más que extendidos en las secciones sindicales y en los comités de empresa. Como una forma de comunicarse con la plantilla y las personas afiliadas.

Resultaba surrealista que la propia UGT Andalucía no tuviera presencia (septiembre de 2009) en las redes sociales más allá, eso sí, de una prehistórica página web.
Pero lo que más surrealista resultaba, al menos a mí, eran los desprecios y las afiladas críticas que recibimos las personas que insistimos en su uso. La impotencia por intentar hacer comprender a tus propios compañeros de la dirección que “su concepto de control” no existía en estos espacios, era de un desgaste brutal. Alguna de las pretensiones planteadas por la dirección en un principio fue, poco más o menos, que identificar todas y cada una de las cuentas de Facebook que existían en Andalucía bajo las siglas de UGT y agruparlas en una principal: la de UGT Andalucía. Ahí es nada…

Afortunadamente y a pesar de los disgustos que pasamos unos más que otros, de la constante sensación de estar hablando en distinto idioma y ser castigada por ello, finalmente se contactó con profesionales del tema y hoy, UGT Andalucía tiene presencia en las redes sociales, ¡aleluya!

La política de comunicación fallaba en UGT Andalucía porque su máximo dirigente y su personal de confianza más cercano nunca creyeron en ella, no más allá de considerarla una mera forma de “vender su libro”, pero sin tener en cuenta que en un “juego” donde existe emisor y receptor, afortunadamente, los papeles se cambian, es decir, la comunicación, la de verdad, es bidireccional. Y hay veces en que tu libro no te lo compra ni dios, por mucho que te empeñes. Es entonces cuando debes plantearte (más allá de castigar a quienes hacen de “pepito grillo”) que algo falla y que más vale buscar una solución rápida y eficaz.

Lamentablemente la “política comunicación” durante esta última etapa se convirtió más en política que en comunicación. Y como encima terminaba haciendo más visibles a unas personas que a otras (cosa que no siempre satisfacía los deseos de la cúpula) o proyectando noticias que eran más interesantes para la opinión pública que para el propio aparato, se cayó en eso que tan a menudo denuncian los propios compañeros de los medios: el control y la censura.

Lo digo, no porque me lo hayan contado, sino con conocimiento de causa. Mi blog “Esto lo arreglamos nosotras” fue censurado y retirado de la web de UGT Andalucía, por primera vez gracias al artículo “Ellos tenían el bar, nosotras tenemos la escuela”. Un detalle insignificante por el efecto que ha tenido en el tiempo, pero importante porque da una pista de lo que alguno era capaz de hacer en honor a la libertad de expresión y a la buena política de comunicación.

Porque creo de verdad en la comunicación, me entristecía realmente no poder, entre otras muchas cosas, compartir mas allá de las cuatro paredes del sindicato el trabajo que hacíamos desde el equipo de la Secretaría  de la que era responsable, la de Mujer. No al menos sin levantar ampollas, provocar la ira de los dioses sindicales o terminar el día gastando la energías en broncas absurdas y pueriles. Ni que decir tiene, que al final, terminé haciendo lo que me vino en gana (por aquello "para lo que me queda en el convento...")

Es lamentable que exista más libertad y se puedan llevar a cabo más iniciativas que benefician a la imagen del sindicato desde la base pura y dura, que desde la propia cúpula. Es muy importante hacer visible a la sociedad el trabajo sindical, desde cada esquina. Yo solo creo haberlo conseguido hacer en un alto porcentaje, en mi empresa, en distintas etapas anteriores como Secretaria General de la Sección Sindical o como Presidenta del Comité de Empresa. También ahora colaborando en distintos medios desde la libertad que me permite no tener responsabilidad política en la estructura. Esto merece una profunda reflexión del aparato, sobre todo porque luego cuando bombardean desde unos y otros medios, o desde la calle, se preguntan ¿qué hemos hecho para merecer esto? y yo me pregunto ¿Qué estamos haciendo para contrarrestarlo?

Si la Secretaria General es capaz de hacer entrar en razón a la vieja guardia y que éstos dejen de considerar a los periodistas y a los profesionales de los medios como meros enemigos para llegar a considerarlos trabajadores y trabajadoras que realizan una labor social  imprescindible, ya algo habremos avanzado.

La Secretaria General, si reflexiona, llegará a la conclusión de que no está ahí por arte de magia. Si de verdad la magia existiera, su lugar seguiría estando ocupado por Francisco Fernández Sevilla. Mucho han tenido que ver los medios de comunicación y las denuncias que en ellos se han hecho (y no me refiero solo al caso de los ERE ni a las presuntas facturas falsas).

No ha sido una autocrítica interna la que ha llevado un perfil distinto a la dirección del sindicato. En mayo de 2013, hubiera sido imposible, como de hecho lo fue. Aunque al “aparato” le duela reconocerlo (de ahí su actitud) ha sido un cambio forzado desde fuera.

Quiero terminar este artículo insistiendo en que me alegra coincidir la Secretaria General en el principal contenido de éste artículo, la política de comunicación. Espero que esta etapa no sea sólo una capa de maquillaje aplicada a aquellos que llevan años moviendo los hilos. 
Espero que, de verdad, se materialice en una profunda transformación del sindicato. Por ello trabajo todos los días y pienso seguir haciéndolo.

APL

sábado, 4 de enero de 2014

La escoria disidente


Ciento veinte parecen haber sido los perros y cinco los días que llevaban sin comer. Acaba de hacerse pública la forma en que presuntamente el joven militar Kim Jong Un ha acabado con cualquier atisbo de disidencia norcoreana presente y futura. A juzgar por la brutalidad de los posibles hechos, de los que informaba hace unas horas Europa Press, no me extrañaría en absoluto que en Corea del Norte nadie se atreviese a levantar la mirada durante décadas y mucho menos a alzar la voz.

Sin piedad, ni siquiera por tratarse de su tío político.  Jang Song Thaek fue ejecutado el pasado 12 de diciembre, según se ha encargado de informar un diario oficialista chino con sede en Hong Kong, 'Wen Wei Po', por "traidor a la patria", por “escoria disidente” devorado junto a sus ayudantes por una jauría.

Y es que, ya se sabe, en política no caben medias tintas, o se está o no se está. Y en este caso como no se estaba, pues más valía muerto que vivo.

A modo de aviso para navegantes, el líder con aspecto “púber” del Partido de los Trabajadores, parece haber perpetrado una de las más crueles fechorías de la política, si puede llamarse así, contemporánea. En nombre de la “lealtad” e insisto, a modo de aviso a navegantes, trescientas personas fueron congregadas para presenciar el castigo, la purga de su tío. Sólo ha faltado que encima hubiera sido televisado en directo, para mayor pánico nacional y gloria del “camarada”.

Mientras el incipiente gobernante (llegó al poder hace dos años) acapara la atención mundial expectante por confirmar semejante barbaridad, se hace muy difícil para muchos seguir hablando de derechos humanos, creer en las grandes alianzas por la paz mundial, fomentar el respeto hacia la diversidad, seguir peleando por la democracia o impulsar valores como la tolerancia.

Lo malo no es preguntarse qué mundo estamos construyendo, qué políticos aupamos para que nos gobiernen ni qué intereses manejan los hilos de nuestras vidas, es mucho peor ser consciente de que ésta es la historia de la humanidad. Que volvemos a tropezar una y otra vez con la misma piedra y que cuando conseguimos organizarnos en torno a objetivos comunes, valores altruistas, conquistas sociales, bienestar colectivo, en forma de partidos políticos, sindicatos, organizaciones, instituciones… en demasiadas ocasiones terminamos dejando aquello que dio sentido al hecho de organizarse en un segundo o tercer plano para dar paso al ego, a la ambición y a los intereses personales de sus líderes.

Prácticas como ésta o como tantas otras conocidas  lamentablemente son más comunes de lo que creemos y la monstruosidad viene a ser directamente proporcional a la capacidad de influencia o el poder que tenga el dirigente en cuestión. Los sistemas o estructuras aquejados de este mal terminan convirtiéndose en algo endogámico, cayendo en un círculo vicioso, creando una especie de anticuerpos que escupen todo aquello que no sea reconocido, todo elemento extraño que, paradójicamente podría funcionar como elemento trasformador o de conexión con el mundo exterior.

Y donde hay verdugo, hay víctima, sobre todo porque “personificar” culpas, apuntar con el dedo o lo que comúnmente conocemos como “señalar la cabeza de turco” facilita mover a la masa. Las víctimas de las tropelías, en muchos casos tienen cara, nombre y apellidos y han conseguido pasar a la historia como Leon Trotski. En otros casos, han quedado lapidados por el anonimato de la historia.

Parecería mentira que, casi setenta años después de su publicación, la genial sátira de George Orwell “Rebelión en la Granja”, encontrase una más que fiel réplica en el norte de Corea, con jauría de perros incluida y Partido Laboralista por medio. De la misma manera que parece también mentira que en muchos rincones de esta sociedad tengamos qu­­­­­­e seguir topándonos de bruces con gerifaltes como el cerdo “Napoleón”. Napoleones que en un politburó cualquiera y con una sola mirada de desaprobación hacia alguien de su misma especie, en versión disidente y llamado por ejemplo “Snowball”, son capaces de levantar a una granja entera que sólo se declara en estado de rebeldía gracias a ese insoportable comportamiento seguidista e irracional capaz hasta de matar. Sí, a su propio tío si es necesario. Es así como el ser humano se acerca a la animalidad y las organizaciones se convierten en granjas.

APL


miércoles, 25 de diciembre de 2013

Gallardón parió a la mujer



Esta mañana del 25 de diciembre de 2013, recién levantada abrí el ordenador y me encontré uno de esos regalos que una no espera y que le arrancan unas risas. Mi amigo Rafael Fernando me había dejado un texto sobre el ministro Gallardón.

Durante los dos últimos años en varias ocasiones he volcado mis opiniones sobre el aborto y la postura que el actual gobierno del PP viene manteniendo y ahora imponiéndonos. Estos días son muchos los artículos de opinión publicados, pero pocos con esa manera que tiene Rafael de entrelazar palabras, jugar con ellas adornando el texto con una ironía exquisita, para terminar haciendo una crítica casi tan incisiva y dura como las propias decisiones de éste nuestro odiado gobierno.

Quiero compartirlo en mi blog porque no tiene desperdicio.

GALLARDÓN PARIO A LA MUJER
Gallardón no tiene pinta de Adán. Cambió la hoja imprescindible de parra por unos slips punto blanco que sujetan mejor eso que llaman paquete aunque nadie me haya explicado nunca por qué eso de paquete. Traje Emidio Tucci, gafas con cristal al aire y unas cejas que le sirven de tejadillo para días de lluvia. Se compró una sonrisa profidén entre tímida e hipócrita y unos andares de seminarista incapaz de masturbarse por aquello de la ceguera. Jamás cena queso ni duerme boca arriba porque le decían de pequeño que ese postre y esa postura inducían erecciones nocturnas y uno soñaba con muslos de amapolas y pubis maduros como cerezas y fresas dulces.
Gallardón dice que sus hijos son un regalo de Dios (no se atreve a decir que son obra del Espíritu Santo porque recuerda los gemidos de la hija de Utrera Molina y aquel ruego de ella gritando “no te salgas, no te vayas”) Pero en sus ratos de oración y meditación olvida aquellos jadeos pecaminosos y llega fácilmente a la conclusión de que sus hijos son un don del Altísimo conseguidos por recomendación y tráfico de influencias entre Rouco y el Todopoderoso.
Fue siempre lo que fue porque supo estar donde había que estar. Presidente de Madrid, Alcalde de Madrid con una Esperanza a la que nunca quiso hacer emperatriz de Lavapiés. Rodeó la Moncloa con la M-30 y cuando se descuidó era ministro de justicia porque Mariano lo adelantó por la M-40. Rajoy le tapó los ojos y por ahí va, a tientas, palpando tasas togadas, engarzando cadenas perpetuas revisables para cambiar el aceite a los grilletes y arengando ovarios, poniendo firmes a óvulos y espermas, entrepiernas pecadoras que se irán al infierno sólo por disfrutar del amor que dicen, pero que en realidad les queman los genitales porque satanás se retuerce de alegría porque están ganando en la cama las oposiciones para un infierno seguro, eterno, irredento, y este sí, con cadena perpetua.
Y Gallardón sufre. Y ha construido un nuevo paraíso. La mujer debe ser protegida y en consecuencia nunca saldrá de ese jardín que Alberto ha sembrado con el sudor de su frente. Ninguna nacerá de la costilla de Adán sino que brotarán del pecho del propio ministro. Así se convierte en el gran protector de la mujer. Y todo lo que su cartera ministerial haga en el futuro será para ampararla hasta de su propia libertad. Porque la libertad, lo tenía muy claro Franco y el catecismo de Ripalda, no lleva más que al pecado y la condena eterna.
Cuando en la cama ella se duerme de alegría y él se fuma el cigarrillo, Dios ha soplado en el interior del útero y ahí está ya el chaval, hecho y derecho, listo para la mili, para ser un parado, un desahuciado, un camarero en Alemania o un detergente humano en los retretes ingleses. Y Gallardón se erige en guerrero del antifaz de ese vientre, en Pelayo que reconquista zigotos hasta la rendición del paritorio. La mujer es mala. La manzana siempre está ahí, la víbora reptando, el adán siempre dispuesto a prescindir de la hoja de parra y ella ofreciendo el fruto de sus ingles.
La mujer no tiene derechos. Cocina, plancha, lavadora y estar guapa por si a él se le antoja cuando vuelve del trabajo excitado por esta compañera de pechos relucientes. Y junto a ella, indefensa y consentidora de sus instintos, está Gallardón, guardia de seguridad privatizado mediante ley de protección ciudadana de Fernández-opus-ministro-interior.
Gallardón no está prohibiendo nada, penalizando nada, concediendo nada a la Conferencia episcopal, sino que está defendiendo a la mujer de sí misma, velando por ella, liberándola de su propia libertad. Y sobre todo está cuidando zigotos de ojos azules, los brazos talidomídicos, los premios nobel, los paralíticos cerebrales…Porque Rajoy está volcado en los más pobres. Porque ha suprimido el hambre, los desahucios, las oficinas del INEM con el pleno empleo, porque ya no hay pobres pidiendo en los semáforos, porque la ley de dependencia ampara, porque…
La mujer ya no será nunca el hueso descarnado de un jardinero pervertido. Un ángel del señor se apareció a Gallardón, concibió en su seno y la humanidad le proclamó como bendito el fruto de su vientre. Amen.
Un regalo navideño.


Rafael Fernando Navarro 

lunes, 9 de diciembre de 2013

El sindicalismo en la UCI


Tal día como hoy murió, hace 88 años, Pablo Iglesias, el fundador de la UGT. Mucho dista la situación del sindicalismo de entonces con el de ahora. Probablemente si Pablo levantara la cabeza, no sabría ni por dónde empezar.
Que la situación actual del la UGT en Andalucía es más que grave no lo duda nadie a estas alturas. Al menos en algo hemos avanzado porque sólo cuando tenemos el diagnóstico claro, buena voluntad y ganas de trabajar por cambiar las cosas somos capaces de tirar adelante.

Pero hay dos opciones una vez reconocida la situación. La actitud inmovilista y conservadora: esperar que todo cambie sólo una vez que pase la tormenta y, en todo caso, si la situación aprieta demasiado, echar mano de la vieja estrategia de la “cabeza de turco” que puede ser algún trabajador (al que despedir) o ex dirigente (al que meter en “Comisión de Garantías” para expulsar). O como segunda opción está la actitud inconformista y proactiva que podría devolver al sindicato a la vanguardia: aprovechar la situación para sanear y regenerar. Opción ésta última en la que con toda probabilidad habría que reconocer errores e incorporar a la parte crítica también en los órganos de decisión.

No soy muy veterana en esto de las crisis del sindicalismo, a pesar de llevar un tercio de mi vida militando en él. Los viejos del lugar (y hablo de “los viejos” con todo el cariño y respeto porque de ellos he aprendido mucho) me cuentan “que cuando la PSV” también fue muy grave, pero “tenemos 125 años y somos una gran organización, no van a acabar con nosotros tan fácilmente”. Esta frase implica dos cosas, por un lado la “herencia recibida” como algo intocable y sagrado y por otro, la trampa de diferir toda la responsabilidad en “los otros” sin pararse a pensar qué se ha hecho mal, no todo es “ataque mediático de la derecha”, y en su caso, si lo fuere ¿qué estamos haciendo para contrarrestarlo?.

Esto último me lleva a pensar que “los viejos del lugar”, sabios por su edad, son también conservadores por su experiencia. Conozco a muchos de ellos, muchos cuyo verdadero altruismo podría ser clave para ayudar a impulsar el cambio. Pero conozco a muchos otros cuyo egoísmo les lleva a agarrar la organización entre sus toscas manos, apretarla bien fuerte como si de una propiedad personal se tratase y con la presión hacerla saltar en añicos como ha ocurrido en el caso de UGT Andalucía, donde los segundos, los egoístas, ganaron la batalla del poder y la seducción a los primeros, los altruistas, que acabaron sometidos.

Un día, allá por septiembre de 2009, me vendieron la moto de la regeneración y del cambio, de la incorporación de perfiles más actuales que impregnaran de savia nueva y que estuviesen preparados para, en un futuro no muy lejano, dirigir la organización. Concretamente me la vendió Manuel Pastrana el propio Secretario General de UGT Andalucía en aquel momento. Y sí, yo se la compré.

Pero lo peor de todo es que le compré más motos, la del staff de los vicesecretarios, liderado precisamente por el entonces vicesecretario de organización Francisco Fernández Sevilla. En palabras literales del propio Pastrana “a lo largo del mandato las vicesecretarías irían dando un paso atrás y las secretarías adelante hasta estar completamente preparados para dirigir el sindicato”. Fue así como nos colocaron una especie de “tutor inseparable”, en mi caso tutora, que dirigida y orientada por el propio Fernández Sevilla terminó agriando la savia nueva, sometiendo toda espontaneidad y claramente invisibilizando nuestro trabajo. En lugar de abrir paso, cerraba cualquier posibilidad de autonomía, bloqueaba cualquier forma de trabajo e iniciativa que nada tuviera que ver con el pasado. Todo ello acompañado de un Secretario General al que cada vez veíamos menos y con el que ya casi no había forma de “despachar”.

Cuando me di cuenta, como dice mi amigo Alfonso, tenía el garaje lleno de motos, y ninguna andaba. El staff o “La élite del pétit comité  a la que describo en mi artículo de fecha 25 de octubre de 2012, terminó secuestrando el cambio y fue entonces cuando el cambio se convirtió en el recambio, como también describo el “El manido cambio.

Lógicamente decidí no continuar formando parte de una ejecutiva liderada por Pastrana o por Fernández Sevilla, así de claro pero con palabras algo menos educadas se lo manifesté a los secretarios generales de los que dependo, el sector del comercio, la hostelería, el turismo y el juego. Me “desliberé” y me fui a mi empresa donde la labor sindical siempre ha sido muy necesaria. Mientras, el resto del Staff y de “compañeros leales” siguen liberados y recolocados en fundaciones en las que no se sabe muy bien que labor desempeñan, pero supongo que serán muy útiles para seguir bloqueando e impidiendo el cambio y la regeneración.

Estoy segura, y así me lo hacen llegar estos días por las redes sociales entre otras vías, que mi experiencia personal es la de muchas otras personas que han ido pasando por esta más que digna organización. Unas se han ido aburridas, tirando la toalla, otras se trasformaron para sobrevivir, convirtiéndose en grises ejecutores, y otras, simplemente hacen lo que pueden, ignoradas en algún rincón. Y lo peor es que algunos aún se rasgan las vestiduras cuando ven proliferar las distintas plataformas sociales.

Creo que merece la pena superar los sinsabores, seguir luchando y aportar en positivo al horizonte que se abre y que algunos pretenden cerrar con pestillo. En un momento como el actual en el que todo está en cuestión no sólo los sindicatos, también los partidos políticos, el resto de instituciones e incluso la forma de organizarnos, no puede caber la duda de sindicatos sí o no, en todo caso qué tipo de sindicato queremos. Los sindicatos tienen una más que demostrada trayectoria de conquistas sociales.

Se hace necesario poner en valor la utilidad del sindicalismo y ahí tienen un papel protagonista esas personas que están en primera línea, en los comités de empresas, esos que cuentan con una mayor representatividad por el simple hecho de que los votan afiliados y no afiliados. Esos que se parten el cobre con el empresario en las mesas de negociación para arrancarle mejoras colectivas para sus representados.

También es un momento apasionante para tomar distancia, hacer un análisis más profundo de la realidad socio-laboral y proponer cambios que nos permitan construir un sindicato más moderno, más útil y más ágil, que responda de manera eficaz a los problemas que este Estado, secuestrado por un partido ultraconservador como el PP, pretende cronificar.

Me parece que sería muy positivo que el sindicato y sus dirigentes empezasen a analizar qué problemas tiene la ciudadanía y por qué nos son capaces de  superarlos. Y hablo de analizarlos al margen de esas comisiones de trabajo esos foros perfectamente controlados en los previos de los procesos congresuales, esos en los que no todos participamos. Es imprescindible mejorar la representatividad y poner en marcha nuevas iniciativas:

Por una cuestión de espacio no ahondo mucho más en estas ideas, pero aquí las dejo y las desarrollaré en futuros artículos.

1. Hay que eliminar la brecha generacional, los jóvenes deben formar parte de las ejecutivas, dejarles actuar y hacerles sentir que se comparte el espacio con ellos en igualdad de condiciones. Un sindicato no puede permitirse proyectar una imagen envejecida. El perfil gris de señor que ha superado los cincuenta con unas condiciones laborales dignas no es actualidad.

2. Hay que eliminar la brecha de género. El techo de cristal y la segregación horizontal de mujeres en el sindicato hay que superarla. Un sindicato no puede proyectar una imagen machista. Las mujeres, la mitad del mundo, tenemos mucho que decir y opinar, también gestionar. Feminismo y sindicalismo deben ir de la mano.

3. Acabar con las conductas mas propias del clasismo que del sindicalismo, me refiero al tanto tienes, tanto vales. Las federaciones y los territorios más grandes no deben imponerse sobre los demás sino solidarizarse. En demasiadas ocasiones los equilibrios de poder y las cuotas territoriales y sectoriales impiden poner en la dirección del sindicato a las personas más capacitadas.

4. Dada la situación en las empresas, además de contar con un gabinete jurídico lo más potente posible y a la altura de las necesidades actuales, podría recuperarse la llamada “caja de resistencia” para huelgas y paros.

5. Promover una federación de personas en búsqueda de empleo, quizás les sería más fácil organizarse y buscar alternativas así que como se encuentran en la actualidad, como personas paradas con cuota especial en los distintos sectores (en general al que pertenecían en el último empleo).

6. Promover la autonomía y la gestión de los recursos económicos. Si los recursos se centralizan como ocurría en UGT Andalucía, las secretarías cuentan con una especie de “poder prestado” y no pueden responsabilizarse de una propia gestión económica.  De la misma manera cuanta mayor autonomía económica tengan los sectores y territorios, más libres serán para poder ejercer la crítica, que siempre es positiva.

7. Trabajar codo a codo con las asociaciones de consumidores para avanzar en el concepto trabajador=consumidor. Cada persona es distribuidora a la vez que perceptora de la riqueza, lo que le otorga una mayor fuerza frente al empresariado y al propio gobierno.

8. Acercamiento a las empresas de economía social para avanzar en un modelo de relaciones laborales que respete al trabajador y sus derechos y puedan convertirse en competencia de las empresas al uso con modelo obsoleto y explotador.

9. Trasladar de una manera clara la importancia de la financiación publica para los sindicatos poniendo en valor y siendo capaces de trasmitir al conjunto de la ciudadanía de una manera didáctica la utilidad de los sindicatos para el día a día de cada persona y para el conjunto de la sociedad.

10. Transparencia absoluta en las cuentas del sindicato. Hacer público cada euro que entra y a qué se destina, por ejemplo en la web del sindicato.  
Vamos tarde. Los sindicatos corren el riesgo de que cuando sean conscientes de que necesitan una transformación, se pongan en marcha y lleguen al destino, el paisaje puede que haya cambiado tanto aquí fuera que se encuentren con la surrealista situación de que tengan que volver a empezar y trabajar en un nuevo cambio.


APL