martes, 11 de octubre de 2011

Ellos tenían el bar, nosotras tenemos la escuela

 


Convivimos con una cultura patriarcal, es decir,  un sistema en el que el rol del varón predomina sobre el de la mujer. Este modelo está instaurado en nuestra sociedad desde hace siglos. Sus raíces se hunden muy profundas y las consecuencias son especialmente visibles en las organizaciones de todo tipo. Llámense asociaciones, peñas, partidos políticos, sindicatos…

Como Secretaria de la Mujer me toca, con el resto de mujeres, compañeras de trabajo, analizar y combatir este comportamiento en el día a día dentro de la organización a la que pertenezco, UGT Andalucía.

Cualquier mujer que haya tenido una mínima trayectoria en el seno de esta organización en, al menos, la última década compartirá con toda probabilidad las reflexiones de este post.

Cuando una se “abstrae” y observa, ve cómo la sociedad reproduce comportamientos misóginos y machistas a diario y por momentos, pero es que a medida que una se va acercando al terreno de juego, va sintiéndolo mucho más. Especialmente cuando una colabora o milita en cualquier estructura participativa conformada por personas de ambos sexos y donde exista una mínima jerarquía de poder. El poder lo siguen ostentando y ejerciendo ellos, con muy poco interés además por compartirlo.

El sindicato, como organización representativa de la sociedad que es, reproduce esos roles y estereotipos,  desde mi punto de vista, demasiado. Tanto, que a veces aunque sólo fuera en esto, ya me gustaría que fuésemos menos representativos…

A medida que pasan los años, voy teniendo una mayor perspectiva de este problema -que lo es- y a la vez se incrementa mi interés por  denunciarlo, visibilizarlo, combatirlo y avanzar hasta alcanzar un entorno donde mujeres y hombres seamos iguales en derechos y oportunidades. Me resisto a resignarme.


En el sindicato desde los veinticinco


Aterricé en el sindicato allá por el año 2001, con veinticinco años. Una edad, por cierto, a la que algunos compañeros ya habían sido Secretarios Generales (máximo cargo de responsabilidad en UGT). Desde el principio me sentí muy identificada con las reivindicaciones y el trabajo que se desarrollaba en un sindicato, cuestión de la que, por otro lado, algo había conocido durante mi niñez en el entorno familiar.

Nunca dejó de resultarme peculiar e interesante observar los comportamientos con los que se desarrollaba la actividad sindical.

Eran largas las horas de trabajo, en las que los compañeros atendían múltiples conflictos en empresas, negociaban convenios colectivos y otro tipo de acuerdos,  realizaban procesos electorales, asesoraban directamente a personas afiliadas o no sobre despidos, reclamaciones de cantidad, derechos como permisos, salarios, etc.
Pero especialmente curiosa me resultaba la prolongación de la jornada por parte de los responsables políticos del sindicato.

Tras estas horas de trabajo la jornada se prolongaba en el bar, allí se desarrollaba otra parte del trabajo, que tenía que ver con las líneas hacia donde debía orientarse interna y externamente el sindicato, decisiones políticas…

Incluso se debatía sobre la idoneidad de ciertas personas en cargos de dirección, principalmente en etapas de procesos electorales de la estructura (congresos). En estos debates tan “importantes”, por supuesto, no participaban las mujeres. No sólo porque escaseaban, sino también porque las pocas que había probablemente no podían prolongar su jornada para tomar algo en el bar. Tenían que atender esas otras tareas del espacio privado (casa y familia).

Ni que decir tiene que los compañeros sí podían tener dedicación exclusiva y “hacer política” porque siempre había una mujer detrás, generalmente la esposa o la madre, que se ocupaba de las tareas domésticas y el cuidado de familiares.

A medida que se ha ido incrementando la presencia femenina en el mundo sindical, mujeres y hombres con responsabilidad han sido capaces de detectar estos desequilibrios y el sindicato ha sido capaz de proponer medidas que en un futuro más cercano que lejano puedan corregir esta injusticia.


Escuela de Mujeres Dirigentes


Especialmente importante es la iniciativa de la Escuela de Mujeres Dirigentes de UGT, que una vez al año desde hace seis, reúne a más de cien mujeres de todo el territorio nacional en Galicia. Una Escuela donde las mujeres sindicalistas de UGT, además de prepararnos y formarnos para ejercer el poder aprovechando nuestros valores y nuestras diferencias (pues se trata de eso, ejercer el poder de una manera distinta y de enriquecer al sindicato de nuestra perspectiva), también encontramos  ese espacio que probablemente nuestros compañeros encontraban antaño en el bar. Supone esta Escuela un foro de debate, un espacio donde marcar estrategias comunes, un lugar donde el pacto de género se cultiva.


Igualdad, esa “ñoñería” inofensiva


Es curioso descubrir cómo nuestros propios compañeros siguen pensando en esta escuela como algo “color de rosa”, algo relacionado con la igualdad, esa ñoñería inofensiva que no supone amenaza alguna para su estatus sindical. Sin embargo cuando una participa en ella, descubre talleres muy instructivos: por ejemplo  sobre cómo incorporar el género a nuestro trabajo sindical, o el nuevo liderazgo sindical con perspectiva de género, los trabajos en equipo desde la perspectiva de género, el empoderamiento y el desarrollo de redes en el marco sindical…

En los ratos libres, entre pasillos, durante la comida, incluso por la noche, finalizada ya la jornada lectiva, las conversaciones y debates entre las mujeres son tan interesantes y actuales como constructivos, cuestiones como las liberaciones, el bloqueo de las negociaciones, la debacle política que está tomando el país, la postura antisindical de las administraciones, las políticas antisociales del partido que hasta hoy ha sido la referencia de la izquierda en el poder, etc.

De vital importancia debe ser además el hecho de que en esta escuela no sólo se formen mujeres con responsabilidad en políticas de igualdad y género, sino también Secretarias Generales, de Organización, Administración etc.

Es importante no sólo tener en cuenta lo que cuesta ocupar esos espacios de poder, sino además mantenernos ahí, decidiendo y dirigiendo el sindicato. Debemos trabajar todas en la misma dirección y abrirnos las puertas unas a otras. De lo contrario corremos el riesgo de perpetuar la eterna rotación de mujeres en los cargos. Es decir, la cuota se garantizará pero nos irán cambiando a unas y otras, de manera que duremos un cuarto de horas en los puestos de dirección, impidiendo así la consolidación de nuestras políticas, ideología y planteamientos.

Algunos preguntan:
¿por qué tiene que haber una Escuela de Mujeres?
Y pregunto yo:
¿Por qué tuvo que hacerse durante tanto tiempo política en los bares?

La apuesta que el sindicato debe hacer por iniciativas
 en las que se consoliden nuevos perfiles de liderazgo debe ser contundente.
No podemos olvidar que las mujeres representamos
más de la mitad de la población.

APL



En el centro Almudena Fontecha, Sª para la Igualdad de UGT



Dolors Renau y Ana Rubio



 



jueves, 29 de septiembre de 2011

Desigualdad en las empresas andaluzas

Estos días, además de participar en las múltiples movilizaciones que estamos convocando, me hallo inmersa en plena presentación del Programa IGUALEM “Igualdad en las Empresas”. 

Tan inmersa, que la Secretaría de la Mujer “casi al completo”, vamos a presentación por provincia (ocho). Incluimos tres talleres: “elaboración de protocolos para la prevención y tratamiento del acoso sexual y por razón de sexo en las empresas”, “análisis de la política salarial de una empresa desde la perspectiva de género” y “nuevas formas de organización del trabajo: conciliación y corresponsabilidad”.
Las jornadas se han presentado, a día de hoy, en cinco provincias, con un total de 322 personas formadas (en la edición de 2010 más de 700).

El IGUALEM, consiste en acercar la igualdad de oportunidades a las empresas, a los centros de trabajo, con las principales herramientas de que disponemos, convenios colectivos y planes de igualdad. Por eso, además de apostar por el aumento de la participación de mujeres en las mesas de negociación, formamos a los delegados y delegadas en género, para que sean capaces de afrontar sus negociaciones y su acción sindical teniendo en cuenta a esa otra mitad de la población: NOSOTRAS.

IGUALEM es un programa en colaboración con el Instituto Andaluz de la Mujer, y más allá de la pura demagogia y leyenda negra sobre esas supuestas subvenciones multimillonarias a los sindicatos, el programa “da para lo que da”, mucho trabajo y pocos medios. La contratación de dos personas expertas en género (dos profesionales a las que les apasiona su trabajo y que a veces desesperan ante tan tímidos resultados).
Entre otras mil tareas, se desplazan a cada una de las provincias donde los compañeros y compañeras reclamen su asesoramiento y allá donde se solicite formación en género (presencial, semipresencial y on line) para el ámbito laboral (acceso y promoción en el empleo, acoso sexual y moral por razón de sexo, discriminación retributiva, segregación ocupacional, conciliación y corresponsabilidad…y un largo etcétera), revisión de diagnósticos, elaboración de documentos de apoyo con propuestas para la negociación y otro larguísimo etcétera.

Pero los datos cantan: más de 700 personas formadas e intentando llevar la igualdad a su espacio. Más de 100 empresas con asesoramiento directo desde la Secretaría de la Mujer. Y tan sólo tres Planes de Igualdad en el marco de IGUALEM aprobados e implantados.

Hasta aquí, información objetiva e imparcial y ahora voy al grano, a lo “políticamente incorrecto” y a la opinión, guste o no, que para eso, entre otras (inconfesables) cuestiones, creé este blog.

Si la administración está  poniendo recursos
(en mayor o menor medida)
y los sindicatos estamos
desarrollando y ejecutando el programa

¿Qué es lo que está pasando?

Muy simple, lo de siempre,
que el compromiso con la igualdad de oportunidades
entre mujeres y hombres
por parte de los empresarios andaluces es “Zero”

Ya se opusieron rotundamente a la aprobación de la Ley de Igualdad ¿pensábamos que una vez aprobada iban a facilitar su desarrollo? …al fin y al cabo la igualdad también es negociación colectiva, es diálogo social y es concertación…todo eso que suena tan bien pero que algunos se pasan por donde ya sabemos.

Y en esas estamos los trabajadores y trabajadoras “tal que” bola de ping pong, entre unos empresarios rancios y obsoletos y un gobierno cuya capacidad de intervención es muy limitada.

Tuve la oportunidad de participar hace un par de semanas en la VI Escuela de Mujeres Dirigentes, que organiza todos los años UGT. Intervino, entre otras personas, Jaime Cabeza, Catedrático de Derecho del Trabajo y de Seguridad Social de la Universidad de Vigo. Me pareció interesante, no sólo que se autoafirmara como feminista, sino también una de sus reflexiones, en las que argumentaba cómo las mujeres son más libres y existe mayor igualdad de oportunidades entre ambos sexos en aquellos estados y países con mayor intervencionismo por parte de sus gobiernos.

Por eso, en la inauguración de estas jornadas formativas, además de presentar y poner las herramientas a disposición de las personas asistentes, finalizo llamando a las mujeres a que se unan al calendario de movilizaciones que estos días estamos llevando a cabo, porque es en la calle donde las mujeres hemos conseguido nuestras mayores conquistas.

“Como Mujer y como sindicalista tengo que decir que cuando se agota la vía de las palabras y se rompen las negociaciones sólo queda la presión y la movilización. Somos la parte más pobre, que no más débil, de las relaciones laborales, por tanto nos queda lo de siempre: la calle.

Así que además de animaros a usar los servicios de que la Secretaría de la Mujer dispone también os animo a participar en el calendario de movilizaciones previstas por ambos sindicatos. Especialmente a las mujeres y a las personas comprometidas por la igualdad, porque tenemos que seguir exigiendo ese espacio, ese lugar donde todavía no estamos”

Llamamiento éste, que hago, sentada junto a la Consejera y a la Directora del Instituto Andaluz de la Mujer.
Y aclaro esto para aquellos que andan algo despistados, pues a alguno parece “descuadrarle” que seamos capaces de criticar a la administración y después “aparecer en la foto”.
Y me cuestiono la amplitud de miras de más de uno… si es lo que llevamos haciendo toda la vida en las empresas. Montarles huelgas y concentraciones en sus propias puertas pero también sentarnos con el empresario para arrancarles, a base de duras negociaciones, derechos para esas personas a las que representamos: la parte más pobre, que no más débil en este gran desequilibrio de las relaciones laborales.

Por eso me siento y me seguiré sentando con aquellas personas u entidades que apuesten por la igualdad social, se llamen como se llamen y sean del color que sean…

¿con quién me voy a sentar si no?
¿con el párroco del pueblo?
…para que me cuente lo de Adán, Eva y la manzana…

APL




 

jueves, 22 de septiembre de 2011

¿De vuelta a casa?



Que la crisis económica nos está jodiendo la vida nadie lo duda a estas alturas, que no sabemos hasta cuando y que encima no vemos luz al final del túnel, pues también.

Pero además esto, tiene perspectiva de género. Y seguro que alguien piensa…ya está ésta con lo mismo de siempre… pues sí. Y es que “la austeridad” y “los recortes” tienen cara y nombre de mujer (y no son ni Merkel ni Aguirre, precisamente…)

Como me gusta recordar cada vez que tengo la oportunidad de compartir espacio con otras mujeres: “las mujeres nos hemos incorporado al espacio público sin abandonar el privado, sin embargo nuestros compañeros no se han incorporado a este último” llamémoslo doble jornada, llamémoslo falta de corresponsabilidad o dificultades para conciliar, llamémoslo desigualdad…la cuestión es que esto produce un desequilibrio importante que se ha ido soportando gracias a unos servicios que forman parte de ese “Estado de Bienestar Social” tan maltratado e infravalorado en los últimos tiempos.

Los servicios públicos han jugado un papel importante en esto de nuestra incorporación a ese mundo también público, a salir de casa, a emanciparnos, a compartir y conquistar el mundo laboral.

Un sistema sanitario, una atención y cuidado a las personas mayores o dependientes y la escolarización de los menores han sido cuestiones clave. Sí, mejorable en el primer caso, por desarrollar en el segundo e insuficiente en el tercero, cierto. Y probablemente por ese motivo nos hemos incorporado “a medias” es decir, no en igualdad de condiciones. Pero a ver si encima va a resultar que antes de llegar a la meta nos damos la vuelta y caminamos hacia atrás…

Esta cuestión que me hace permanecer en constante estado de alerta y me da vueltas en la cabeza a diario, hoy lo ha hecho especialmente. Esta semana he tenido la oportunidad de participar en un encuentro con compañeras de origen marroquí pertenecientes a otros sindicatos, conversando con ellas, descubres que son perfectamente conscientes de que su situación va con mucho más retraso, pero su fuerza y compromiso las hace permanecer en el camino y avanzar poco a poco.

Y me pregunto:
¿Nos encontraremos en el camino?
Me encantaría que así fuese,
pero porque ellas hubiesen “dado un sprint final”,
nunca porque nosotras hayamos dado la vuelta y retrocedido.

Si se dejasen de prestar los servicios que, en mayor o menor medida, fueron sustituyendo nuestro trabajo en el espacio privado, en el hogar…no nos engañemos, las que volveríamos a casa seríamos nosotras, no ellos. No hemos avanzado tanto como para que se volviesen las tornas…además siempre existirá el argumento de “si hay que renunciar a algún sueldo, mejor el tuyo cariño, que es más bajo”…

Por eso me pareció tan acertado el planteamiento del máximo responsable de UGT Andalucía en el sector de los Servicios Públicos hace unos días cuando informaba de la manifestación del próximo día 1 de octubre


 “los recortes en servicios públicos no son sólo cosa de los trabajadores y trabajadoras del sector, lo son también de todas las personas como ciudadanos y ciudadanas”

Y como tantas otras veces pienso en violeta: esto no es sólo cosa de hombres, lo es MUY PARTICULARMENTE de mujeres. Así que allí estaré como mujer, como sindicalista y como persona comprometida con una sociedad igualitaria.

Pero sobre todo porque me gusta la calle,
me encanta lo público y me niego a “volver a casa”

APL






 


martes, 16 de agosto de 2011

¿Osaría hoy la “Papisa” Juana calzar zapato de tacón rojo?



La inminente visita del papa Benedicto XVI  a España está suscitando estos días multitud de opiniones encontradas y, a mi entender, demasiada tensión. Como soy de las que piensan que nada mejor que una buena dosis de humor parar minimizar impactos y rebajar tensiones, no he podido resistirme a redactar esta entrada para mi blog  personal.  Eso sí, sin renunciar, a ese análisis crítico y con perspectiva de género del que difícilmente puedo o quiero desprenderme como fémina comprometida con la igualdad.

…...Érase una vez una mujer valiente y osada cuyo atrevimiento fue tal que llegó a desafiar a la propia Iglesia Católica en pleno siglo IX (XII según otras versiones).

Cuenta la leyenda que el propio Benedicto III fue literalmente Juana. Era hija de un monje y, aunque criada en el ambiente, “salió rana”. Y es que, al parecer, la suplantación de su identidad sexual, motivada en un principio por el deseo de seguir a su amante estudiante, posteriormente acabó convirtiéndose en una forma de vida.

Y es así, como la mujer, disfrazada de hombre, gozó de placeres y privilegios semejantes a los reservados a la clase “varonil eclesiástica”. Benedicto III o, lo que es lo mismo, Juana I y última, tuvo acceso a los mejores estudios, viajó por distintos lugares, visitó ciudades como Constantinopla, Atenas o Roma, pernoctó de monasterio en monasterio, se codeó con grandes personajes de la época y hasta llegó (siempre fingiendo ser un hombre) a ganarse la confianza plena de León IV, a quien, tras su muerte, sucedió en el papado.

Pero la “papisa” Juana I y última o el “mamiso” Benedicto III, comenzó a cavar su propia tumba en aquel preciso momento en que no fue capaz de abstenerse de uno de los siete pecados capitales: el deseo hacia el placer carnal, tan presente en ese entorno  inmaculadamente casto y divino como en cualquier otro terrenalmente impuro.
Ya fuere porque se perdió aquella lección, ya fuere porque fue víctima de un ataque de ultramodernismo impropio de la época, ya fuere (cosa que me apetece más pensar) porque le dio la real gana y así lo decidió…
El caso es que Juana se embarazó de un embajador de la época y, cuentan que, en plena procesión del Corpus, se puso a parir.

Aquello era imperdonable, demasiado para la época y para la institución a la que nos referimos. Debió ser vivido como una vergüenza, una osadía y un escándalo (algo similar a lo que muchas personas sentimos hoy hacia la pederastia, por ejemplificar).  Juana I y última fue lapidada, mientras Benedicto III, probablemente, hubiera seguido disfrutando de la vida, como buen varón.

Eso sí Juana dejó su huella en forma de un simpático presente para los años póstumos. Un útil artilugio, que la Iglesia creó y sacó gran rentabilidad, concretamente cada vez que tocaba relevo papal. Desconozco si actualmente se sigue utilizando incluso si ha sido usado durante la reciente llegada al papado del actual Benedicto XVI. Se trata de una silla perforada (conocida como silla curial), que impedía que se les volviese a tomar el pelo de tamaña manera. Mediante tal artilugio se procedía al ritual para verificar la virilidad de los papas electos. Un eclesiástico era el encargado de manipular los atributos sexuales del nuevo pontífice, y tras confirmar que todo era conforme a lo correcto, exclamaba (ignoro también si a modo de cántico) “duos habet el bene pendentes” (tiene dos y cuelgan bien)……

La leyenda de Juana la papisa, por lo controvertido del asunto, ha sido objeto de numerosas investigaciones, estudios y artículos de opinión (algunos de cuyos enlaces más interesantes adjunto a esta entrada). Las versiones que parecen tener mayor rigor y han servido de base a todo lo investigado posteriormente son las de los cronistas dominicos Martin de Opava (siglo XII) y la de Jean de Mailly (dominico del convento de Metz) que data del año 1255.

Sobre el debate de si historia real o leyenda, merecería la pena hacer un breve repaso al posicionamiento que la iglesia católica mantiene frente a cuestiones que forman parte de la vida real en este mundo terrenal como la homosexualidad, el avance en derechos y participación pública de las mujeres, matrimonios entre personas del mismo sexo, la maternidad elegida desde “la soltería”, la transexualidad o el uso del condón. Tampoco debe pasarse por alto la actitud mantenida por la citada institución frente a los numerosos y escandalosos casos de pederastia entre sus filas, casos, que, lejos de ser condenados, denunciados y erradicados, son “tapados bajo un manto” y sus responsables reordenados geográficamente. Me inclino, personalmente, entonces a pensar que el caso de la papisa Juana pudiera haber tenido algo de historia real transformada de manera interesada en leyenda.

Realidad histórica, mito o leyenda, la verdad es que con semejante perfil, tales “reaños” y tanta insolencia o frescura, me temo que los zapatitos de Benedicto XVI iban a quedar más que ridículos frente a los taconazos que, en los tiempos que corren, probablemente calzaría Juana y haría repiquetear sobre el suelo de mármol de la Santa Sede.

APL



LA LIBERACIÓN DE LA MUJER,
ALGO QUE LA IGLESIA CATOLICA NUNCA SOPORTÓ



APL

domingo, 24 de julio de 2011

¿Una oveja “descarriada”? o ¿Una nueva masacre en la historia de la Humanidad "en el nombre de Jesucristo-nuestro-señor-amén"?


CONSTERNACIÓN…

Es la palabra que, este fin de semana negro, más leo en la red y la que también define el sentimiento que me invade a mí y a las personas que me rodean al ver las noticias e imágenes de este sábado en la isla de Utoya.

Según las primeras investigaciones sobre el asesino, se trata de un fundamentalista cristiano que además militó en un partido xenófobo… completito.

Y no me extraña la inclinación política y religiosa, pues resulta que los mayores crímenes de la humanidad se han perpetrado “bajo el manto” de instituciones conservadoras y ancladas en otra época como la iglesia católica , no hay más que echar un vistazo atrás y recordar, por ejemplo la conquista de América, llevada a la pantalla de una manera tan real por Roland Joffé en la película “La Misión”.

¿Qué se puede esperar de una institución salpicada día si, día no,
por escándalos sobre prácticas habituales de pederastia?

Una institución que cree en la caridad ejercida
desde la supremacía y la omnipotencia,
es decir, en la protección de los más débiles como pobres seres inferiores.

Nunca lucharon, defendieron ni creyeron en el estado social, de derechos, es decir, una sociedad donde, por el hecho de ser ciudadanos y ciudadanas,
todas las personas: pobres, ricas o a medio camino,
generásemos y disfrutásemos de PLENOS DERECHOS
sin tener que sentirnos pedigüeñas.

Claro que esto quizás dejaría en evidencia el “tinglado” que algunos tienen montado “en el nombre de Dios”.

¿Qué se puede pensar de una institución que considera a la mujer (costilla de Adán)
un ser inferior, responsable de todos los pecados del mundo
e indigna de participar en los espacios públicos?

Espero que al menos salgan diciendo eso, “que se trata de una oveja descarriada, un feligrés incontrolado”… De punta se me ponen los vellos al pensar que se hubiese tratado de un sindicalista, ni imaginar quiero los titulares de El Mundo, ABC o Intereconomía…

Para terminar os dejo dos reflexiones en este post:

Por un lado, cada vez que tenemos noticia de un acto violento, desde un robo, pasando por un asesinato y llegando a una masacre, difícilmente nos encontramos a una mujer detrás (y no será por una proporción matemática, pues somos algo más de la mitad de la población). Esta realidad no hace más que reafirmarme en mi convicción, somos distintas, y desde esa diferencia (también en nuestro comportamiento) tenemos mucho que aportar a este mundo y sólo podemos hacerlo desde los órganos donde se decide: dirigiendo el mundo, la política y la economía.

Otro dato para la reflexión, en este momento son mínimo 93 personas muertas por los atentados en Oslo. La violencia machista se llevó por delante en nuestro país la vida de 71 mujeres en 2010. De otras 33 víctimas en lo que llevamos de 2011. Con esto, lejos de generar polémica, sí quiero denunciar que, aunque con un impacto mucho menor que los hechos del pasado viernes, sí es cierto que existe una masacre continua mucho más sutil y silenciosa a la que desgraciadamente nos estamos acostumbrando.

Y ésta no es menos merecedora de una gran CONSTERNACIÓN…



APL



martes, 12 de julio de 2011

La CEA y su “relación” con la Violencia de Género: ¿Violencia Cero o Compromiso Cero?


Hace escasos días asistí a una reunión de trabajo del Pleno del Observatorio Andaluz de Violencia de Género.

La personas integrantes de este órgano que representamos a distintas entidades y asociaciones, tenemos, a mi entender, un objetivo común y una responsabilidad importante: avanzar en la mayor medida posible hacia la erradicación de la Violencia de Género haciendo propuestas y poniendo el mayor número de medios posible a disposición de este único objetivo.

Con ese fin y con ese ánimo participo en este foro, en representación de UGT Andalucía, y hasta el viernes, creí ilusamente (bueno tampoco tanto) que el resto de organizaciones también compartían la responsabilidad y el entusiasmo por esta tarea.

Pero parece que no, los “señores CEA” diferían, y digo “los señores” porque, a pesar de que por fin, en las dos últimas reuniones han incorporado presencia femenina, ahí sí que mandan ellos, y a los hechos me remito.

La propuesta de UGT fue crear una mesa de trabajo sobre el ámbito laboral (¡qué osadía!), donde pudiésemos tratar, entre otras cuestiones, la violencia de género en los centros de trabajo: acoso sexual y por razón de sexo, así como los derechos que las mujeres víctimas tienen en el trabajo y cualquier otra cuestión que se estimase.

Los argumentos son innumerables, pero entre los más importantes está el hecho de que tenemos que trabajar por conseguir unos centros de trabajo libres de violencia de género, recordemos que la población activa andaluza emplea 7 horas 41 minutos de media al trabajo retribuido. Aspiramos a que, cada día más mujeres se incorporen al mundo del trabajo, un mundo lo más exento de desigualdad posible. Exigimos que a las mujeres víctimas de violencia de género se les garantice la aplicación de la legislación vigente, por ejemplo en términos de flexibilidad horaria y permisos.

Incluso por una cuestión tan BÁSICA y tan PRÁCTICA como puede ser, que los miles de delegados y delegadas con que contamos los sindicatos en las distintas empresas andaluzas se conviertan en voces en contra de esta lacra y puedan difundir campañas informativas y de sensibilización surgidas de este órgano.

Un último argumento: aunque sólo sea por quedar bien, al menos por una cuestión de marketing e imagen corporativa. Pues ni eso…

La CEA, Confederación de Empresarios de Andalucía, no esta por la labor y solicitó que constase en acta que no estaba de acuerdo con la creación de este grupo específico (sí con el resto). No vaya a ser que alguien piense que en las empresas se dan casos de acoso sexual, que a una mujer con una orden de alejamiento se le deniega la reubicación en otro centro de trabajo, o cualquier otra cuestión de esta índole. Una actitud que me recuerda a las de las familias más conservadoras “en mi casa no, esas cosas aquí no pasan”.

No es fácil describir la sensación, no creo que pueda hablar de decepción pues el día a día me ha enseñado quién es cada uno, en qué parte de la mesa negociadora nos sentamos cada cual y qué intereses representamos.

Algunos, a medida que se van sintiendo cómodos políticamente, se van retirando la careta.

¿Os imagináis un órgano como este
con una administración, por ejemplo, “conservadora”?

¿con unas asociaciones de mujeres,
por ejemplo, “católicas”, “pro familia” y “antiabortistas”?

¿con unos sindicatos, por ejemplo, “corporativos” o al servicio de las patronales?

Lo que nos queda por ver….

APL

martes, 5 de julio de 2011

Esto no es una lacra social, es una vergüenza, la vergüenza más grande del país: 3 muertas en menos de 48 horas, 32 en 7 meses


Y todavía hay hombres que se atreven a esgrimir como argumento la violencia psicológica que “nosotras ejercemos sobre ellos”. Y dicen así: “vosotras” dirigiéndose a ti, apuntándote con el dedo y dejando claro que lo suyo, eso sí es "pacto de género".

¿Hasta cuando el “vosotras” frente al “nosotros”?
¿Hasta cuando la división sexual de esta sociedad?
¿Cuando seremos “personas”?
Desde luego mientras nos sigamos despertando con noticias como la de hoy, no ...

En distintas ocasiones he tenido la oportunidad de conversar sobre este asunto con hombres, compañeros de trabajo, vecinos del pueblo, familiares, sindicalistas, incluso algún varón cercano al mundo de la política. Haciendo una descripción más gráfica del momento, estos debates, que al principio parecen distendidos, fuera de micro, de atril, de grabación… vamos, sin el sometimiento de lo políticamente correcto, son los que más me acercan a la realidad, una realidad demasiado normalizada y exenta de INDIGNACIÓN.

Y dicho esto, a medida que la conversación va avanzando, sin saber muy bien por qué, una empieza notar cómo sube la tensión, cómo las distancias se amplían (hasta físicamente) y cómo, sin explicación racional alguna, una se convierte, ante los ojos de su interlocutor en una “feminista radical que no atiende a razones”

Pero... ¿Que razones? ¿Se puede ser más radical que un asesino? ¿Se puede ser más machista o misógino que cualquiera de estos agresores? ¿Qué significa que “nosotras” ejercemos violencia psicológica sobre “ellos”?¿Qué deberíamos? ¿Ejercer la violencia física también hasta asesinar? o se trata simplemente de la pueril defensa del “y tu también” en una riña de parvularios…

Lamentablemente significa el horror justificado, el terrorismo aceptado, el cinismo permitido, la humillación para muchos otros hombres (amigos, compañeros, vecinos, familiares, sindicalistas, políticos) que sí han evolucionado desde el Cro-Magnon: “unos” frente a “los otros”.



Significa la principal asignatura pendiente.
ES, SIN DUDA, UN PROBLEMA CON MAYÚSCULAS


APL

viernes, 1 de julio de 2011

Demasiados años con la casa a cuestas



Se nos asignó “por decreto”, así se decidió. Para nosotras: las tareas del hogar, la cocina, la limpieza, la compra, el cuidado de los mayores, los hijos, las hijas, las personas con alguna discapacidad… lo que tocase, o como decían nuestras abuelas, “cualquier desgracia que Dios nos mandara”.

Y así empezó todo por el módico precio de cero, o mejor dicho, de la satisfacción personal que debía sentir la mujer ejerciendo la caridad, cuidando, protegiendo y atendiendo a las personas queridas y necesitadas.

Así empezó todo y duró muchísimo, demasiado.

Perteneciendo a una nueva generación y antes de ser consciente de mi inclinación feminista como tal, algo no encajaba en mi cabeza. Solía preguntarme si existía algún motivo, alguna explicación particular para ello. No sé, algo así como si de un gen oculto se tratase o como si no nos hubiésemos percatado de que nuestras extremidades estaban mejor adaptadas ergonómicamente para el uso de la escoba, por ejemplo.

Nos hemos llevado siglos ocupándonos de la economía y la organización del hogar y de la familia, eso sí, encerraditas en casa, en lo privado.

La conquista de la calle, espacio público, ha sido, y sigue siendo vivida por el patriarcado como una osadía, una provocación y una amenaza en toda regla. A la vista está.

¿Y encima pensábamos que nos iban a pagar por ello? La sociedad, a duras penas, y tras diferentes oleadas revolucionarias protagonizadas por mujeres, como Olimpia de Gouges (quien, por cierto, acabó guillotinada), terminó entrando por el aro y reconoció nuestro trabajo como empleo. Siempre y cuando desarrollásemos trabajos “de verdad”, “como los de los hombres”.

Eso sí, un poco más baratito, que para eso nos hemos incorporado más tarde: concretamente 5.500 euros menos al año (brecha salarial).

¿Pero, también reconocer como trabajo lo que hemos hecho gratis toda la vida? Eso ya era demasiado…

Estamos asistiendo a un momento histórico, el reconocimiento del trabajo doméstico como eso,
UN TRABAJO.

Una lucha que a las mujeres sindicalistas y feministas
nos ha costado siglos



APL