sábado, 16 de agosto de 2014

Antes de "morirse", las mataron

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Nos despertamos con otro asesinato machista, hoy en Móstoles. Aún no sé que van a recoger los titulares pero éste, el de la foto, es de hace unos días. Y al leerlo, a una no le queda otra que empezar el día enervándose. Es indignante toparse con la “pasividad” del verbo “morir” para referirse al asesinato de otra mujer, ya sólo falta que el verbo se utilice también en su versión reflexiva, “morirse”. Seguimos, literalmente, perdonándole la vida al machismo.

Pareciera que se murió así, porque sí. Como si entre la vida y la muerte no hubiese pasado nada, si acaso “unas manos”. Pero no, lo que pasó es un puñal que le rasgó la piel, atravesó su cuerpo, paró su organismo y le arrancó la vida, con tan sólo 25 años.
A Verónica, a Sara, a Mª Carmen, a Yolanda y a Ana Mª, a todas… antes de morirse, las mataron y antes de matarlas, sin lugar a dudas, como a la grandísima mayoría de nosotras, las discriminaron. Es indignante ver cómo, a pesar de lo dramático del asunto, esta sociedad sigue pasando de puntillas por una misoginia que nos impide avanzar más rápido y hacer, cuanto antes, de ésta una sociedad más igualitaria.

Los datos hablan por sí solos: SEIS mujeres asesinadas en menos de un mes, TREINTA Y SEIS en lo que va de año y MIL TRESCIENTAS TRES mujeres asesinadas en nuestro país desde el año 1995. Es evidente que hay que seguir removiendo conciencias, denunciando cada caso y peleando porque la violencia machista, mientras no cese, siga siendo noticia. Cada mujer asesinada ha de sentirse como un grito de desesperación que pide la ayuda de todos y cada uno de nosotros.

Pero además de mantener en nuestra memoria la foto fija de cada tragedia, también hay que profundizar en los motivos que llevan a ella, y me refiero a los motivos colectivos, los que más pesan, esos tics y conductas arraigadas socialmente, que terminan reflejándose en cada espacio particular, en cada hogar, en cada centro de trabajo, en cada aula…
Mientras sigamos resistiéndonos a atajar este mal desde todos los flancos, la violencia en todas sus formas se seguirá colando por cada rendija, por cada poro de esta sociedad sin que casi nos percatemos.

No estamos preparados para identificar cada pequeña señal de alerta. Y lo peor, no estamos dispuestos a prepararnos. Para que cese este horror hay que acabar con cada decisión discriminatoria, con cada acto injusto y con cada micromachismo persistente.
Salvando las distancias, con los crímenes machistas ocurre lo mismo que con el resto de discriminaciones por razón de sexo: de los prolegómenos ni hablamos. Si tomamos como ejemplo la desigual distribución de la riqueza entre sexos o la feminización de la pobreza, prestamos atención a lo global, pero dejamos escapar el día a día. Nos puede resultar escandaloso el hecho de que nosotras lleguemos al final de nuestras vidas laborales con unas pensiones un 31% de media inferior a las de nuestros compañeros… pero ¿estamos dispuestos como clase social que somos, los unos y las otras, a profundizar en los motivos de esa menor cotización a la seguridad social durante nuestra trayectoria profesional?

¿Estamos dispuestos como sociedad a sacar la lupa y a reconocer que SÍ se da la tan cuestionada discriminación salarial? ¿Las intermitentes salidas y entradas del mercado laboral para soportar (nosotras) la conciliación? Y muy importante ¿estamos dispuestos como sujetos políticos a poner remedio a, por ejemplo, el llamado “techo de cristal” –también en los partidos-?

No morimos, nos matan. Y no renunciamos, nos excluyen.

El colmo de todo es que si una se pone a pensar en las distintas opciones para una solución futura, la cosa no pinta nada bien. De la derecha ni hablamos, ya sabemos lo que piensan sobre subvencionar escuelas que segregan por sexo sus aulas, sobre nuestra autonomía en relación con nuestras decisiones sexuales y/o reproductivas, sobre la propia violencia machista… De ellos ya lo sabemos todo y nada esperamos.

Pero, ¿y de la “nueva izquierda” que viene? Esa que por lo visto va ser la hostia (con perdón) de revolucionaria en todos los sentidos –menos, al parecer, en el feminista-. Es y será una izquierda masculinizada cuyos cambios vendrán de la mano de una nueva generación patriarcal que se llama Pedro Sánchez en el PSOE, Alberto Garzón en Izquierda Unida, Pablo Iglesias en Podemos y Juan López de Uralde en EQUO. Sin comentarios.

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¿“Podemos” transformar la sociedad en un espacio (como dicen todos ellosmás participativo, más democrático, más igualitario… y todo eso que suena tan bien, dejando a las mujeres otra vez al margen? Porque hacer política sin nosotras es hacer una política sesgada, discriminatoria, poco participativa y excluyente.
Pero cuando la evidencia nos sonroje, siempre “podemos” echar mano de una de esas “mujeres precocinadas” en el fogón de alguno de esos maravillosos “Chefs políticos”…esas que se prestan al varonil juego y abandonan la lucha por la igualdad entre géneros.
Y mañana, seguiremos siendo nosotras esas que “morimos” así, como quien no quiere la cosa.

APL
15 de agosto, 2014

domingo, 3 de agosto de 2014

Mujeres que hacen música

Cada vez que mi amigo Ignacio sugiere algún espectáculo, concierto o visita, el éxito está asegurado. Ayer la propuesta fue especialmente acertada, como no podía ser de otra forma siendo además protagonistas las mujeres.
Escribía él mismo hace unos días sobre ellas en su reportaje en El Mundo “Del pentagrama al celuloide”, después de haber entrevistado poco tiempo antes a Beatriz González Calderón, la directora y “lideresa” de esta especial iniciativa.



El lugar, el Teatro del Mar, en Punta Umbría, allí estrenando el espectáculo “Sonando de Cine”, la Orquesta de Cámara de Mujeres Almaclara-Inés Rosales, rendía homenaje a las grandes Bandas Sonoras Clásicas del cine. Y plantarse allí en algo más de una hora de camino, sentarse relajadamente y disponerse a abrir un paréntesis para los sentidos, fue todo un lujo.
Pronto aparecieron en el escenario quince mujeres, andaluzas jovencísimas, ataviadas de largos vestidos negros que proporcionaban a la fotografía una elegancia similar a las piezas que de inmediato empezaron a tocar o a los propios instrumentos que parecían acariciar.



No sé si me estaré haciendo mayor, pero no pude evitar mientras disfrutaba de la maravillosas notas con que Almaclara impregnaba aquel auditorio, pensar en ellas y sus vidas. Chicas muy jóvenes, con una formación excelente en la que probablemente sus padres pusieron gran empeño y esfuerzo de todo tipo, también económico. Quince mujeres, a las que esta especie de “burbuja femenina”, creada por otra mujer, les está permitiendo desarrollarse y demostrar su capacidad, su talento y su potencial.



Una pequeña burbuja en un mundo de hombres que se obceca en diluir el talento de la mujer, sin dar oportunidad a una forma distinta de hacer y construir mundo. Un paréntesis  en un país gobernado por varones que, entre otras cosas, se empeñan en recortar en cultura y formación, en una sociedad machista que insiste en aniquilar al “otro sexo”, en un mundo laboral con “hormigonado” techo de cristal, en un panorama político que sigue teniendo cara masculina, por mucho que se empeñen en cambiar la chaqueta gris marengo y la corbata por el vaquero, la chupa de cuero o incluso la coleta. Un sindicalismo que, cuanto más a la izquierda, más cavernícola.
Está claro que en todos lados cuecen habas, y que en el mundo de Beatriz, el de la música clásica (porque también es el suyo, por mucho que se empeñen ellos en “tomarlo”), no es difícil sentir la aplastante visibilidad masculina del “gremio”. Solo hay que ponerse frente a la tele y observar cada 1 de enero “El Concierto de Año Nuevo”.

Dice la propia Orquesta de Cámara de Mujeres Almaclara en su presentación “surge en 2008 con el objetivo de reivindicar y homenajear a todas las mujeres que, a lo largo de la Historia de la Música, no han conseguido alcanzar sus metas debido, no a su falta de talento, sino a su sexo. De ahí surge el nombre de nuestra Orquesta, en el que no sólo pretendemos reflejar el espíritu que nos mueve en la dirección del deleite musical, sino también rendir homenaje a dos de las mujeres más representativas de la Historia de la Música, como son Alma Mahler y Clara Schumann, que, si bien fueron músicos de un altísimo nivel creativo y técnico, se mantuvieron siempre a la sombra de una sociedad y un gremio eminentemente masculino”.
Sí, anoche fue un soplo de aire fresco y de esperanza en este panorama asfixiante. Y a una no le queda más, después de vivir esta experiencia musical,  que reafirmarse en sus convicciones y seguir haciendo del feminismo una forma de vida.



APL
2 de agosto, 2014

domingo, 15 de junio de 2014

¿Dónde meten “los aparatos” a las mujeres?.

Nuevas complicaciones en la empresa cuyo comité presido, y que probablemente terminen otra vez en conflicto, me han impedido estas semanas mantener mi blog todo lo actualizado que me gustaría. Pero leer ayer la reflexión de mi amigo Pablo, “Machos Socialistas”, me animó a buscar hoy un rato para aportar mi modesto análisis sobre todo esto que está pasando y que nos devuelve a un modelo estéticamente distinto, pero que podría contar con las mismas carencias.
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Queremos cambios pero, la verdad, no sabemos ni cómo hacerlo. Y no sabemos porque, entre otras cosas, desde “el poder” se lleva años trabajando en el sentido contrario, es decir, para que estos cambios no se produzcan. El sistema de funcionamiento interno de esas instituciones que son los partidos políticos y los sindicatos, hacen que éstos no sean hoy motores de cambio, ni mucho menos. Porque para serlo hace mucho tiempo que, por ejemplo, deberían haber promovido la participación interna, muy importante la de los jóvenes, y evitar el envejecimiento y el estancamiento de las organizaciones. Claro que esto, hubiera tenido como consecuencia que “los estancados” en sus sillones, de manera ineludible, se viesen obligados a dejar hueco. Y he aquí el principal motivo para resistirse a ello, a la regeneración.
A los jóvenes se les ha utilizado como un producto de marketing externo. Mientras, otro, se eternizaban en sus puestos, a ver si la cosa daba para jubilarse. La juventud, una estrategia comercial de cara a la galería, a la que se le restringe la participación, con la excusa de encontrarse aún en periodo de formación y adaptación al aparato. Una marca joven a la que se le promete que un día llegará. Lo que no se le dice es que no llegará al sillón, sino a viejo, esperando y trabajando por el cambio, si es que la jubilación da para ello.
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Y en estas ha pillado la crisis global a los grandes partidos y a los no tan grandes, también a los grandes sindicatos, y a los no tan grandes. Lleva todo esto años en ebullición, sin que “el aparato” haya querido reaccionar, los que lo manejan prefirieron mirar a otro lado, ganar tiempo y esperar a que el temporal amainase.
Recuerdo los primeros albores del 15M, de la Primavera Árabe…aquello sorprendió -sobre todo preocupó- a los “popes del liderazgo”, tanto esfuerzo en controlar a sus cachorros y de repente aparecen otros ahí fuera. Recuerdo a algún líder de aparato preguntando a su responsable del área de juventud dónde estaban los jóvenes, “los nuestros”. Los “suyos”, los que de verdad tenían madera, con toda probabilidad se fueron, cansados de que les cerrasen las puertas en las narices y los tratasen, treinta y tantos tacos, como chiquillos inmaduros a los que había que entretener con actividades varias.
Se fueron sintiéndose incomprendidos en un medio obsoleto y anacrónico. Como también terminan yéndose de un país enfermo y sin oportunidades. Un país viejo donde los viejos todavía no han terminado de encontrar su lugar, que no es la primera fila.
Sin embargo, y por no ser del todo pesimista, de vez en cuando se nos cuela alguno. Sí, hay días que, de repente aparece una cara nueva surgida de algún aparato que no responde a ese perfil gris marengo. Entonces, de repente albergamos alguna esperanza hasta que nos terminamos percatando de que era un espejismo. Se trata de los jóvenes (varones en el 99% de los casos) que no se fueron del aparato, o sea, los que no tenían madera o agallas y prefirieron quedarse a la sombra del líder, aprendiendo, mimetizándose con el medio, ganándose día a día la simpatía del aparato y esperando su momento. No llega a ser la cosa como la del príncipe, que durante todos estos años ha sido público, notorio y consentido, el hecho de que estaba siendo preparado, formado y aleccionado para sustituir a su padre, pero sí algo parecido. Se trata de esos cachorros elegidos por “papá líder” para no sacar demasiado los pies del plato y hacer una sucesión controlada, sin aspavientos. Me vienen a la memoria un par caras, tanto del PSOE como de IU, por poner algún ejemplo.
Estamos en uno de esos momentos. Parece que “los expulsados” de los aparatos, los  descontentos con el sistema, los parados y los explotados, que como se veía venir, no son pocos, empiezan a aglutinarse en torno a nuevos liderazgos. La palma se la ha llevado el nuevo Pablo Iglesias. He de reconocer que, por distintos motivos y detalles que observo, no me gusta Pablo Iglesias (el nuevo). Pero me gusta, y mucho, lo que ha conseguido. Hasta el mismo Rey ha tenido que entregar la cuchara, así de claro. Y los aparatos, a quienes de nuevo les pilla con el pie cambiado y los deberes sin hacer, andan como locos tirando de agenda, ahora sí valen los “semipreparados” y las nuevas caras, sobre todo perfiles que desde “las bases” puedan competir con el líder de Podemos…alguien quedará por ahí, ¿no?.
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No me queda demasiado claro quién ha debido resistirse más, el Rey, Rubalcaba, Cayo Lara… O quizás, quién lo sabe, sea el propio Pablo Iglesias quien, finalmente contagiado también del sistema, termine por echarles la pata y se eternice en el poder de Podemos.
Y luego están las mujeres. Siempre luego, al final y rapidito…
Como muy bien apuntaba mi amigo ayer, efectivamente, llama la atención que sólo haya candidatos varones a la Secretaría General de PSOE en el proceso abierto estos días.
Pero no sólo  Antonio Gutiérrez, Manuel Pérez García, José Antonio Pérez Tapias, Aurelio Belando Martínez, Alberto Sotillos Villalobos, Pedro Sánchez Pérez-Castejón y Eduardo Madina Muñoz, son varones. También lo son Alberto Garzón o Antonio Maíllo… Si hasta el nuevo rey es rey, y no reina.
Son las mujeres las grandes maltratadas del sistema y de los aparatos. Mucho he escrito sobre ello en este blog, y a medida que el tiempo pasa, cada día me reafirmo más en mi teoría. La violencia en los aparatos se ejerce contra las mujeres, una violencia institucional, pero en definitiva violencia. Que le pregunten si no a Carme Chacón o a Beatriz Talegón, por poner un ejemplo. Tampoco destacan muchas lideresas en Izquierda ni Unida, ni Abierta, ni Plural… 
La propia Presidenta de la Junta de Andalucía (la única mujer junto con Rosa Díez que hoy por hoy podemos decir que tienen verdadero “poder” en los aparatos), fue cuestionada, hasta públicamente, por el patriarcado socialista antes de hacerse con las riendas de Andalucía.
En esto no ha estado muy hábil el nuevo Pablo Iglesias por mucha coleta que luzca. Y es que no veo que “Podemos” soporte mucho mejor la visibilidad de mujeres carismáticas a su alrededor.
Lo que hacen los aparatos con las mujeres lo analizaba ya en mi artículo de febrero “Mujeres de poder prestado” es algo parecido a lo que ocurre con los jóvenes pero con mayor virulencia y ensañamiento, si cabe.
En definitiva, parece que el futuro del país va a seguir estando en manos de “ellos”.
…Volveremos a rasgarnos las vestiduras al oír noticias como ésta, que tengan que ver con cualquier otra parte del mundo: Los yihadistas ordenan a las mujeres que se vistan “decentemente, con ropa ancha” y salgan a la calle “solo cuando reciban permiso para ello” 

APL.
15 de junio, 2014.

lunes, 10 de marzo de 2014

9 de marzo, el día después

Fotografía de Alain Laboile
Ayer, 8 de marzo, volvíamos un año más a conmemorar, recordar, reivindicar y denunciar que los derechos de las mujeres han de ser los mismos que los del resto de seres humanos. Tener un día señalado en el almanaque no sólo no está mal sino que además es imprescindible. El 8 de marzo debe quedar marcado, por siempre, bien rojo, en nuestra agenda personal y colectiva. Que no se nos olvide que, en determinados momentos de nuestra historia, estos derechos costaron, y cuestan aún, sangre…también sudor y lágrimas en el día a día.
Ayer nos pusimos el mundo por montera. Fueron muchísimos los artículos de opinión, ilustraciones, reportajes y estudios comparativos publicados sobre la discriminación que sufrimos las mujeres. Casi me atrevería a decir que más que otros años, cosa que no es de extrañar dada la ofensiva brutal que el gobierno estatal se está atreviendo a perpetrar, hasta contra nuestros cuerpos. También fueron muchas las personas y personajes públicos que hicieron declaraciones a favor de la causa. Unos, sintiéndolo de verdad, otros, no tanto.
No ha parado este gobierno del Partido Popular, desde que la ciudadanía le entregó la suicida mayoría absoluta, en su empeño por desviarnos del camino que ya iniciamos hace tiempo, ese que íbamos construyendo demasiado poco a poco, desde mi modesto punto de vista. El objetivo está más que claro, o eso espero, a estas alturas: las mujeres a casa, a reproducir, y los varones a producir, para mantenerlos a ellos y a ellas en su estatus. La clase alta sigue saliendo beneficiada de esta crisis que nos lleva por delante al resto.
Sin embargo ¿qué le pasa a la izquierda con las mujeres? o mejor dicho ¿qué le pasa con las feministas? A algunos parece que les diera urticaria el simple hecho de sentirnos cerca. A veces tengo la sensación (espero que sólo sea eso) de que cuanto más a la izquierda, peor se pone la cosa. Observo los nuevos movimientos e iniciativas políticas que intentan aglutinar a la izquierda de este país y veo pocas mujeres. Se cuentan con los dedos de una mano las mujeres feministas que no son expulsadas del entorno de las organizaciones político-sindicales de la izquierda, pareciera que el patriarcado se hubiese asentado profundamente en ellas. Y siempre me gusta remitir a un artículo de Beatriz Gimeno que describe de forma brillante, a la vez que implacable, lo que muchas feministas experimentamos en la izquierda, se trata de “Feminismo en los partidos y mujeres excusa”.
De esta manera el feminismo, que debiera ser bandera de los progresistas, termina quedándose en una especie de “tierra de nadie” defendida por una suerte “locas molestas y radicales que no se adaptan (o someten)”… Y así vamos, como en tantas otras cosas: tarde, muy tarde. Tan tarde que cuando viene la “ofensiva pepera” sólo necesita un par de añitos para llevárselo todo por delante.
Afortunadamente, mientras esto ocurre y nuestros compañeros se la siguen cogiendo con papel de fumar y se dedican a vigilar cada rendija por la que se le puede colar una feminista, el feminismo y su capacidad de reacción vuelve a tomar las calles en nuevas oleadas históricas para defender nuestra libertad y nuestros derechos. Sí, otra vez, el feminismo.
Desde luego algo hemos debido hacer bien, pues empieza a ser importante el número de compañeros que se suman a nuestras reivindicaciones, eso sí de los “rasos”, en su mayoría sin cargo ni tarjeta de presentación, claro. Y algo ha de estar despertando todo esto en el patriarcado institucionalizado de la izquierda que empiezan a urdir nuevas estrategias para adaptarse, eso sí, sin perder un milímetro de espacio. Nuestros viriles varones han decidido disfrazarse de nosotras, y encima no han tenido ni que esperar al carnaval para comprar disfraz, se lo hemos prestado nosotras mismas, las “mujeres excusa”, esas que abandonan la lucha para ponérselo un poquito más fácil a ellos y más difícil a nosotras.
Y es así como la historia de una mayoría, más de la mitad de la población, decide que las cuentas no salgan y apuesta por convertir la esperanza de muchas en un mero disfraz.
Ayer fue 8 de marzo, hoy ha sido 9, el día después, esperemos que la estela de solidaridad perdure hasta el próximo 8 de marzo, serán más llevaderas las agresiones diarias del machismo patriarcal. Porque mañana, día 10, seguiremos cobrando un salario menor, seremos nosotras las que seguiremos soportando la conciliación de la vida familiar y laboral, nos seguirán cerrando en nuestras narices la lujosas puertas color caoba de los prestigiosos despachos, seguiremos ocupando los puestos más bajos y peor retribuidos en las empresas, engrosaremos la cabeza de las listas del desempleo, la precariedad y la temporalidad se seguirán cebando en nosotras, la pobreza seguirá teniendo nombre de mujer, el acoso sexual seguirá siendo soportado por nuestro género y seguiremos siendo nosotras las víctimas de la violencia más brutal por parte de aquellos que dicen “amarnos”, seguiremos en constante estado de alerta pendientes para que no nos pille desprevenidas la próxima jugarreta. En definitiva, seguiremos soportando el gran peso de ser mujer en una sociedad injusta y desigual.
Pero sobre todo, continuaremos en la lucha porque si no, no seríamos nosotras, seriamos eso, “mujeres excusa”.
Fotografía de Maxine Helfman
Fotografía de Maxine Helfman
Quiero compartir lo que ayer escribía Amélia Valcárcel en su perfil de Facebook, es el testigo de mujeres como ella ese que debemos tomar:
“Buenos mediodías con esta conocida lista:
Si eres mujer y…
1. Puedes votar, agradéceselo a una feminista.
2. Recibes igual salario al de un hombre por hacer el mismo trabajo, agradéceselo a una feminista.
3. Fuiste a la Universidad en lugar de dejar los estudios después del Bachillerato para que tus hermanos pudieran estudiar pues “tú de todos modos simplemente vas a casarte”, agradéceselo a una feminista.
4. Puedes solicitar cualquier empleo, no sólo un “trabajo para mujeres”, agradéceselo a una feminista.
5. Puedes recibir y brindar información sobre control de la fertilidad sin ir a la cárcel por ello, agradéceselo a una feminista.
6. Eres médica, abogada, pastora, jueza o legisladora, agradéceselo a una feminista.
7. Practicas un deporte profesional, agradéceselo a una feminista.
8. Puedes usar pantalones sin ser excomulgada de tu iglesia o sacada
del pueblo, agradéceselo a una feminista.
9. A tu jefe le está prohibido presionarte a que te acuestes con él, agradéceselo a una feminista.
10. Eres violada pero el juicio no se trata sobre el largo de tu vestido o tus novios anteriores, agradéceselo a una feminista.
11. Inicias negocio y puedes obtener un préstamo usando sólo tu nombre y tus antecedentes de crédito, agradéceselo a una feminista.
12. Estás bajo juicio y se te permite testificar en tu propia defensa, agradéceselo a una feminista.
13. Posees propiedad que es únicamente tuya, agradéceselo a una feminista.
14. Tienes derecho a tu propio salario aún si estás casada o hay un hombre en tu familia, agradéceselo a una feminista.
15. Obtienes la custodia de tus hijas e hijos tras un divorcio o una separación, agradéceselo a una feminista.
16. Tienes voz en cómo criar y cuidar a tus hijas e hijos en lugar de que los controle completamente tu esposo o su padre, agradéceselo a una feminista.
17. Tu marido te golpea y esto es ilegal y la policía lo detiene en vez de sermonearte sobre cómo ser una mejor esposa, agradéceselo a una feminista.
18. Se te otorga un título después de ir a la Universidad, en lugar de un mero certificado de haber completado los estudios, agradéceselo a una feminista.
19. Puedes amamantar a tu bebé, eso sí, todavía discretamente, en un lugar público y no ser arrestada por ello, agradéceselo a una feminista.
20. Te casas y tus derechos humanos civiles no desaparecen dentro de los derechos de tu esposo, agradéceselo a una feminista.
21. Tienes el derecho a rehusar tener relaciones sexuales con tu esposo, agradéceselo a una feminista.
22. Tienes derecho a que tus registros médicos confidenciales no sean divulgados a los hombres de tu familia, agradéceselo a una feminista.
23. Tienes derecho a leer los libros que desees, agradéceselo a una feminista.
24. Puedes escoger ser madre o no cuando tú quieras y no según los dictados de un esposo o un violador, agradéceselo a una feminista.
25. Puedes esperar vivir hasta los 80 años en vez de morir entre los 20 y 30 a causa de embarazos ilimitados, agradéceselo a una feminista.
26. Puedes verte como una humana adulta plena, y no como una menor de edad que necesita ser controlada por un hombre, agradéceselo a una feminista.
Hoy especialmente, por decencia, mira el mundo, comprueba que ha mejorado y..
AGRADÉCESELO A UNA FEMINISTA.”
APL.

domingo, 9 de febrero de 2014

Mujeres "de poder prestado" en la izquierda


Hace tiempo que vengo pensando en abordar un tema que intuyo algo tabú en el mundo del feminismo. Nos cuesta mucho reconocer que la maravillosa “cuota de género”, esa que tanto nos ha hecho avanzar, está siendo utilizada de manera perversa. Cuesta denunciar que hay mujeres que, lejos de aprovechar su llegada al poder para cambiar las cosas, lo hacen para seguir al pie de la letra el mandato patriarcal y así prolongar un modelo que, a estas alturas de la película, ha evidenciado no responder a nuestra principal necesidad: alcanzar la igualdad real y participar en los espacios donde se decide para transformarlos en espacios con un mayor equilibrio, con distintas perspectivas y donde no exista hostilidad hacia ninguno de los dos sexos.
Corría el mes de de diciembre de 2011 cuando, dados los obstáculos con que me topaba en mi trabajo diario, andaba dándole vueltas en mi cabeza a este tema. Me preocupaba esta realidad principalmente en las organizaciones de izquierda, que han sido quienes realmente ha provocado los mayores avances en este país. Me topé por casualidad, en la red, con el que, hasta hoy, me parece el artículo que denuncia de la manera más clara esta realidad. En “Feminismo en los partidos y mujeres excusa”, Beatriz Gimeno describe al detalle y de manera valiente lo que muchas mujeres, que hemos ocupado cargos de responsabilidad en alguna organización, hemos vivido y padecido.
Resulta difícil manejarse entre continuas contradicciones como las que se dan en las estructuras de poder, pero lo que de verdad resulta complejo es, darle la vuelta al espejo y mostrar a “los poderosos” la imagen que éste les devuelve. Denunciar en el interno de estas instituciones que las actitudes no se corresponden con el discurso con que muchos se llenan la boca, eso es letal en política.
Tiene todo esto mucho que ver con la crisis que en la actualidad atravesamos, ésta ha evidenciado las contradicciones del sistema, contradicciones que provocan una gran desafección en una ciudadanía muy castigada que exige instituciones más auténticas y transparentes. Para ello además reclaman una mayor participación que sólo será posible tumbando organismos excesivamente verticales y forzando una mayor horizontalidad, acercándolos a las personas.
Y centrándome en el tema que quiero abordar en este artículo, la discriminación por razón de sexo, ¿resulta lógico, por ejemplo, que una organización sindical de clase, entre sus tareas relacionadas con la igualdad entre géneros, trabaje por la implantación de planes de igualdad en las empresas? ¿Es loable el trabajo que se hace en el seno de la negociación colectiva por romper el techo de cristal, la segregación ocupacional, la brecha salarial, el acoso sexual, etc.? Lo es y mucho.
Pero no tiene ningún sentido, ni resulta lógico o ponderable que, cuando observamos y analizamos estas estructuras sindicales, nos encontremos con una realidad como la denunciada en el artículo “Los sindicatos mayoritarios suspenden en materia de igualdad” publicado el pasado 23 de agosto de 2013 en eldiario.es.
Es una realidad que en el seno de gran parte de las organizaciones e instituciones actuales, sigue existiendo sexismo. La segregación horizontal es muy visible, las mujeres son aglutinadas en responsabilidades donde el ejercicio del poder es escaso (lejos de las cuentas y del poder organizativo), por lo general suelen atender espacios más relacionados con lo “social”. Por otro lado y, lo que de verdad es más que visible, yo diría pornográficamente visible, es la segregación vertical o el más conocido techo de cristal. Los líderes son masculinos. El patriarcado político-sindical-institucional se resiste con uñas y dientes no sólo a abandonar el poder, también al simple hecho de compartirlo.
Y aquí entra la contradicción. ¿Qué hacen nuestros líderes cuando han hecho suyo –al menos estéticamente- mensajes del movimiento feminista, reiterando una y otra vez las proclamas de la lucha de tantas mujeres en sus discursos?  ¿Qué hacen cuando, tras ser aceptadas por la opinión pública tan razonables reivindicaciones empiezan a sentir que éstas se acercan peligrosamente y les toca a ellos rendir cuentas? ¿Qué hacen cuando tocan los hechos y no las palabras? Porque está claro que un político o un dirigente “de pura cepa” no puede permitirse entrar en contradicción y quedar en evidencia.  Nada mejor entonces, que echar mano del ingenio y nada tan recurrente como una chistera. Y voilà, como por arte de magia aparece la “mujer excusa”.
Es así como, “el macho dominante” (que diría Felix Rodríguez De La Fuente) vuelve a la carga, urde una nueva y salvaje estrategia para seguir aferrándose a ese suculento espacio llamado “poder” y salvar “los obstáculos de la civilización”.
Pelear dentro de cualquier estructura de poder por el espacio que debieran ocupar las mujeres, y que aún no ocupan es una batalla campal, algo verdaderamente agotador. Pero a la vez enriquecedor, cuando una participa directamente en este tipo de espacios termina haciendo algunas reflexiones y observaciones que identifican perfectamente estas conductas machistas. Ponerlas en común con otras mujeres que pasan por lo mismo en otros espacios y con hombres cuya tolerancia hacia la desigualdad es cero, debería ser el principio de la solución.
Algunas de las pistas que delatan estos comportamientos son, por ejemplo, la alta rotación de las mujeres en los puestos de dirección, independientemente de la responsabilidad que se tenga. Salvo excepciones, ninguna mujer se consolida como una gran lideresa, aunque sea en “su negociado”. Es decir, la cuota se cubre pero sustituyendo unas mujeres por otras, como si de un kleenex se tratasen, con el único objetivo de que no consoliden, para así no tener que compartir espacio. Son pocas las mujeres que podemos recordar en primera línea de la política, del sindicalismo o de la propia historia de nuestro país, mientras muchos son los incuestionables y empoderados “barones”. Ésta es una de las formas más claras de pervertir la cuota, pues se mantienen los porcentajes numéricos de las éstas, pero la impronta de la mujer, la forma distinta de analizar y gestionar nunca llega a consolidarse pues no se nos permite ni siquiera llegar a conocer con una mínima profundidad el terreno de juego.
Por otro lado existen mujeres que sí permanecen. Si observamos estos casos, en muchos de ellos se trata de mujeres que jamás cuestionan al líder o alguna de sus decisiones. Saben que les va la vida en ello, al menos la vida política. Terminan siendo sumisas con ellos e implacables con las insumisas. Algunas llegan a desempeñar vergonzantes papeles prestándose incluso a ser títeres del verdadero poderoso que se esconde detrás del escenario. Por no ahondar en ejemplos que he vivido muy de cerca de mujeres que llegan a reproducir en política ese “rol de cuidadoras” que durante tanto tiempo se nos ha asignado en el espacio privado. Llega a ser lamentable el papel obstaculizador que algunas mujeres llegan a desempeñar bajo una “pose” de feminismo.
Son muy pocas, las mujeres que a lo largo de la historia han llegado a puestos de relevancia politico-social desde su independencia, su diferencia de opinión o su autonomía. La clave está en que son ellos y sólo ellos quienes deciden a quien “poner”. Siguen escogiendo ellos, la mayoría de las veces a otro ellos, en contadas ocasiones eligen a una mujer. Por lo general lo hacen cuando las circunstancias ya los condicionan y se ven forzados, entonces, insisto, tiran de la “mujer excusa”, siguen manejando los hilos ellos mismos sólo que bajo la estética de una mujer.
Ciertamente hemos conseguido que más mujeres lleguen, pero si las que llegan lo hacen sin reconocer el trabajo que muchas otras hacen, sufriendo represalias continuas, para que precisamente ellas estén ahí, entonces hemos hecho, como se suele decir, “un pan como una hostia”.
Así que, una vez diagnosticados los problemas es necesario poner en marcha medidas que permitan corregir estas desviaciones que, aunque son sutiles en su estrategia, también son letales para el objetivo real, la igualdad verdadera.
No sé si la idea de partidos políticos o sindicatos de mujeres sería buena pues podría de alguna forma evitar la convivencia, compartir espacios y además podría terminar generando aislamiento o mundos paralelos. Pienso que se deben seguir peleando los derechos en el mismo espacio aunque, por el momento sea en situación de desventaja.
Quizás la cuota debería dar un paso más allá y pasar de ser sólo “cuantitativa” a ser también “cualitativa”. Debe existir una mayor sensibilidad hacia las desigualdades que padecen las mujeres en estos órganos, para ello la formación en igualdad en el seno de los partidos y sindicatos es imprescindible. Deben incorporarse a la dirección hombres y mujeres que verdaderamente crean en la igualdad entre sexos y en la ideología feminista. La teoría feminista, por mucho que se intente denostar, ha conseguido logros de muy transcendentales a lo largo de la historia y las organizaciones de izquierdas no pueden permitirse el lujo de dejarla de lado mientras pretenden abanderar la igualdad de clases o la defensa de las personas mayores dificultades. A eso se le llama cinismo.
“Que la mujer trabaje para ganarse la vida, o hasta para redimir su dignidad, bien; pero que la mujer trabajando pretenda elevarse intelectualmente tanto como el hombre, esto es lo que muy pocos todavía entienden por aquí”.
Margarita Nelken.
“La condición social de la mujer en España”, 1919.


APL

lunes, 3 de febrero de 2014

La historia de un tren llamado Libertad

Corría el año 2014 en una Europa desolada, secuestrada por malos gobernantes y presa de un capitalismo salvaje que campaba a sus anchas por casi todo el territorio. El viejo continente que fuera referencia de conquistas sociales y fiel garante de libertades y derechos estaba irreconocible.

Conflictos y emociones que quedaron sin resolver aquellos lejanos años de guerra, asomaban de nuevo como luces intermitentes que anunciaban un giro inminente. Las viejas doctrinas neoliberales habían permanecido en el subsuelo político y económico hasta saltar como una mina que estalla a la superficie. Se valieron de una democracia tocada, una política desprestigiada y unas instituciones noqueadas.

Entre los países más castigados, como siempre, los del sur. Allí la gente empezaba a salir de sus casas para protestar, se produjeron revueltas y enfrentamientos callejeros que, en muchas de las ocasiones, dejaron personas heridas de muerte.

Al sur del sur europeo estaba España, un reino que sufría las consecuencias de cinco años consecutivos de crisis económica. A diario había desahucios, altísimas tasas de paro que llegaron a alcanzar el 25% de la población, cierre masivo de fábricas y empresas, la asfixia económica de familias enteras hizo caer por los suelos los niveles de consumo, el deterioro y privatización de servicios básicos públicos, como la sanidad o la enseñanza, estaban a la orden del día, incluso subieron los índices de suicidio.

La decepción del pueblo español con la izquierda política había propiciado, años antes, unas urnas con demasiada proporción de sobres azules, que se tradujeron en un gobierno liderado por el conservador Partido Popular. Un partido que aglutinaba prácticamente a toda la derecha, desde la más moderada hasta la ultraderecha descendiente directa del gobierno de la dictadura del General Franco. Los patronos y la Iglesia Católica, como antaño, tenían alta cuota de representación en los ministerios. Y cuando llegaron al poder absoluto, metieron en un cajón el programa electoral con el que consiguieron engañar al pueblo en las fatídicas elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, e iniciaron una trasformación ideológica del país, una verdadera regresión. Cuando los habitantes del reino se vinieron a dar cuenta a España ya tampoco la reconocía ni dios.

Un buen día se produjo uno de esos hechos que terminan desencadenando una enorme reacción ciudadana. Y fue que, al entonces Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, no se le ocurrió otra cosa que  tocarles los ovarios a las mujeres.

Quiso este ministro, de estirpe cercana al franquismo y educado en una estricta y profunda moral católica, meter las narices allí donde no le llamaban, en la maternidad y la libertad de las propias mujeres a elegirla. Se afanó en imponer una ley que convertía el derecho de las mujeres a la interrupción legal del embarazo en un delito que podría ser despenalizado sólo en algunos casos muy restringidos y específicos, entre los que no se contemplaban ni siquiera el caso de malformación del feto.

La sociedad española tenía una larga trayectoria patriarcal que nunca consiguió superar del todo. Las mujeres que trabajaban, lo hacían en una situación de inferioridad económica, de menor estabilidad y con unos riesgos importantes de perder el empleo, precisamente cuando elegían ser madres o disfrutar de algún derecho derivado de la maternidad.
Las que no trabajaban, soportaban las cargas familiares cada día con menos ayuda por parte del estado, y estiraban como el chicle los escasos ingresos que entraban en casa para poder sobrevivir. La asistencia a personas con dependencia y la educación de los hijos se habían convertido en un lujo. Las becas de estudio se habían casi eliminado, mientras el material escolar y las matrículas subían cada vez más. El precio de la luz y hasta el de la bombona de gas estaban ya por las nubes.

Tenían además otros problemas verdaderamente graves que superaban los laborales o económicos, sufrían la violencia machista. Más de 700 mujeres habían sido asesinadas durante la última década.

Aburridas, hartas, cansadas, e indignadas, las intenciones del Ministro de Justicia fueron la gota que colmó el vaso. Eran conscientes además de que no tenían capacidad de decisión en una sociedad en la que las instituciones, los partidos políticos y los sindicatos estaban dirigidos por hombres y para mayor desgracia, con las pocas mujeres que había en el gobierno tampoco se podía contar, porque defendían las mismas políticas que sus compañeros de partido.

Sólo les quedaba la protesta y la movilización. Y fue en Asturias, tierra de mujeres fuertes y convencidas, donde saltó la chispa. La Tertulia Feminista “Les Comadres” y la asociación Mujeres por la Igualdad de Barredos se reunieron días después de la aprobación el 20 de diciembre del anteproyecto de ley y pusieron en marcha lo que hoy se conoce como el “Tren de La Libertad”.

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La casualidad quiso que el día que el tren partía coincidiera con unos días de retiro que el gobierno y su partido se habían tomado en Valladolid, para marcar estrategias y ampliar su dominio fuera de las fronteras, hacia Europa. Inmersos en su fiebre de conquista se hallaban, cuando el tren hizo su primera parada, allí mismo, a sus puertas. Las mujeres bajaron ataviadas con prendas de color lila, cargadas de pancartas con leyendas reivindicativas, portaban también megáfonos que ampliaban sus voces y multiplicaban sus mensajes de rechazo.

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La siguiente parada fue Madrid, la ciudad donde tenía su sede el gobierno central. Una ciudad que si bien fue ejemplo de progreso y modernidad en otra época, con el paso de los años y los sucesivos gobiernos regionales y locales se había convertido en un lugar gris, icono del mayor de los conservadurismos.

En la estación de Atocha aguardaba una gran sorpresa a las mujeres asturianas: decenas de miles de mujeres que se habían desplazado desde distintos puntos del país hasta allí, para recibirlas y acompañarlas en una lucha que era la de todas. Se fueron sumando mujeres de todo tipo, lugares y perfiles, heterosexuales, lesbianas y bisexuales, obreras y empresarias, pobres y menos pobres, tenderas, enfermeras, camareras, médicas, costureras, abogadas, profesoras, periodistas, mujeres del mundo de la cultura… hasta las actrices que terminaron haciendo una película de gran éxito en los cines. También fueron muchos los hombres que se animaron a acudir, hombres que querían mujeres tan libres como ellos, compañeras, iguales.

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El Tren de la Libertad sí que fue capaz de traspasar fronteras. Fue determinante la solidaridad de las mujeres de otros países y lugares, entre ellas destacaron las parisinas cuyas manifestaciones también llenaron las calles.

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El tren continuó su marcha, fue un largo camino, años enérgicos, rebosantes de lucha y de ilusión.

Y fue así como aquello que comenzó siendo una protesta que pedía la retirada de un anteproyecto de ley al grito de “nosotras parimos, nosotras decidimos” o “sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios” terminó convirtiéndose en historia. La cuarta ola de la historia del movimiento feminista estaba en marcha y esta vez, venía en tren y veloz.

La historia nos da lecciones de vida, nos enseña que cuando todo parece estar perdido y las soluciones se ven lejanas, entonces salta esa chispa de la solidaridad capaz de unir las fuerzas y las energías de muchas personas y hasta derrocar gobiernos para cambiar el rumbo y reconquistar derechos.

APL
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