viernes, 24 de mayo de 2013

“Nos indignamos por educación”



La indignación empieza a salirnos hasta por las orejas; el vaso ha rebosado en distintas formas, una de ellas “las mareas”: la blanca, la verde, la violeta…. Pero es justo “contra viento y marea” la manera en que este gobierno ha decidido dirigir el país.

Estamos atrapados en el vaivén político al que nos someten quienes cada cuatro años deciden sobre nuestras vidas. No es habitual que la puesta en escena de la alternancia política sea tan traumática y suponga un impacto como el actual sobre la ciudadanía, por más que cada opción política tenga su orientación ideológica

El Partido Popular se ha empeñando en no dejar títere con cabeza. Con la manida crisis como coartada no hay palo que no toque. Con la situación económica por bandera se terminan inmiscuyendo hasta en nuestra vida sexual y reproductiva. Aprovechan la situación económica para realizar una contrarrevolución conservadora.

El “modus operandi” es primero amagar, luego golpear y finalmente noquear. Anuncian el recorte de turno, después esperan y observan la reacción ciudadana, que es de confusión absoluta y de rechazo ante la pérdida de derechos consolidados, y finalmente, pasado un tiempo, cuando ya “nos hemos hecho a la idea”, entonces decretan y ejecutan.

Es tal el efecto “shock” que cuesta llevar la cuenta al día. Modificación del código penal, recortes en sanidad y en dependencia, derechos de las mujeres  escrachados, tijeretazo en los derechos laborales y un largo etcétera conforman un “totum revolutum” en medio del cual, hay algo especialmente importante y que no podemos pasar por alto: la educación.

El ministro Wert, uno de los brazos armados del presidente, ya lo advirtió “si hay que cambiar la ley se cambiará", y vaya si ha tardado poco el cambio prometido: el último Consejo de Ministros aprobó la impopular LOMCE.

El gobierno tiene su hoja de ruta bien marcada y pretende asegurarse de que, cuando lleguemos al final del camino, cualquier retorno sea lo más complicado posible. Por eso es clave la educación.

Tocar la educación es tocar los cimientos de una sociedad entera y desequilibrarla. Facilitar o dificultar a la gente el acceso a la educación y a la cultura es hacer de un derecho para todos un lujo para las élites. Las sociedades, los países, el mundo necesitan para crecer personas formadas intelectual y emocionalmente.

No es lo mismo un pueblo ignorante que una ciudadanía sabia, claro que es una cuestión ideológica señores del PP. O de adoctrinamiento, como ustedes mismos lo llamaban cuando se referían a la asignatura “Educación para la Ciudadanía”.

Ustedes no quieren personas libres de pensamiento, con opinión propia ni con capacidad crítica. Por eso sus leyes diferencian, distinguen, segregan, separan, dividen y aborregan.

Claro que es una cuestión ideológica. Nada más sano a veces que echar la vista atrás. Fue la II República precisamente una de las etapas más convulsas, pero también de importantes conquistas que  hicieron mella en la memoria colectiva. Ocurrieron cosas tan esenciales e innovadoras a la vez, como que la enseñanza religiosa en la escuela pública pasó de obligatoria a voluntaria, se llevó a cabo una de las mayores alfabetizaciones de la población que haya conocido la historia de este país, el acercamiento al pueblo de la cultura, del cine, del teatro,  de actividades diversas, hasta bibliotecas ambulantes. Se aprobó la ley del divorcio, se celebraron las primeras elecciones con sufragio femenino, el aborto fue legalizado. Una época también en la que el derecho laboral  se vio ampliamente beneficiado y con ello la clase obrera. Destacaron leyes como la de la jornada máxima, la contratación laboral, la regulación del derecho a la huelga, el aumento de salarios, etc.

Generaciones como la mía nos indignamos porque tenemos educación, hemos crecido impregnados de valores enormes, como la solidaridad, la responsabilidad, la tolerancia, la empatía, la igualdad y la justicia social. Nos revolvemos porque sentimos que nos roban nuestra herencia y gritamos porque no queremos seguir su hoja de ruta.

Tan importante es la educación que, con toda probabilidad, su modificación determine los futuros niveles de indignación. Una educación basada en criterios elitistas, en función de la renta, es una semilla de pobreza para el futuro que será complicado revertir

¡Quién sabe si futuras generaciones educadas en otro modelo tendrán esa posibilidad! La de la indignación, digo.

APL

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